Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare

SCENE XII. Another part of the Ground.

Capítulo 61 de 818 · 2 min de lectura

Alarma a lo lejos, como en una batalla naval. Entran Antonio y Escaro.

ANTONIO. Aún no se han unido. Desde donde está aquel pino podré verlo todo. Te traeré noticias enseguida de cómo parece que va a resolverse.

[Sale.]

ESCARO. Las golondrinas han hecho sus nidos en las velas de Cleopatra. Los augures dicen que no saben, que no pueden decir; ponen gesto severo y no se atreven a hablar de lo que saben. Antonio es valiente y está abatido, y por momentos sus fortunas alteradas le dan esperanza y temor de lo que tiene y de lo que no.

Entra Antonio.

ANTONIO. ¡Todo está perdido! Esta vil egipcia me ha traicionado. Mi flota se ha rendido al enemigo, y allá arrojan sus gorros al aire y festejan juntos como amigos largamente separados. ¡Ramera de tres vueltas! ¡Tú eres quien me ha vendido a este novato, y mi corazón solo libra guerras contra ti! Haz que todos huyan; pues cuando me haya vengado de mi hechizo, habré hecho todo. ¡Haz que todos huyan! ¡Vete!

[Sale Escaro.]

Oh sol, no volveré a ver tu amanecer. Aquí se separan la fortuna y Antonio; justo aquí nos damos la mano. ¡Todo llega a esto! Los corazones que me seguían como perros falderos, a quienes concedí sus deseos, se disuelven, derriten sus dulzuras sobre el floreciente César, y este pino ha sido despojado de su corteza, él que los sobrepasaba a todos. ¡He sido traicionado! ¡Oh, esta alma falsa de Egipto! Este grave hechizo, cuyo ojo llamó a mis guerras y las hizo volver, cuyo pecho fue mi corona, mi mayor fin, como una verdadera gitana me ha engañado en el juego y la trampa hasta el fondo de la pérdida. ¿Qué, Eros, Eros!

Entra Cleopatra.

¡Ah, tú, hechizo! ¡Apártate!

CLEOPATRA. ¿Por qué mi señor se enfurece contra su amor?

ANTONIO. Desaparece, o te daré lo que mereces y mancharé el triunfo de César. ¡Que te tome y te exhiba ante los plebeyos que gritan! ¡Sigue su carro, como la mayor mancha de todas las mujeres; que te muestren como un monstruo para los más pobres y necios, y que la paciente Octavia arañe tu rostro con sus uñas preparadas!

[Sale Cleopatra.]

Está bien que te hayas ido, si es que vivir es bueno; pero mejor hubiera sido que cayeras en mi furia, pues una muerte podría haber evitado muchas.—¡Eros, eh!—La camisa de Neso está sobre mí. Enséñame, Alcides, tú que eres mi ancestro, tu furia. Que pueda lanzar a Licas sobre los cuernos de la luna, y con esas manos que empuñaron el garrote más pesado, someter a mi yo más digno. La bruja morirá. Al joven romano me ha vendido, y caigo bajo este ardid. Morirá por ello.—¡Eros, eh!

[Sale.]