Hamlet · William Shakespeare
ESCENA XI
Capítulo 32 de 80 · 2 min de lectura
CLAUDIO, GERTRUDIS, HAMLET, HORACIO, POLONIO, OFELIA, RICARDO, GUILLERMO y acompañamiento de damas, caballeros, pajes y guardias.
(Suena marcha dánica).
CLAUDIO.—¿Cómo estás, mi querido Hamlet?
HAMLET.—Muy bueno, señor; me mantengo del aire como el camaleón, engordo de esperanzas. No podréis vos cebar así á vuestros capones.
CLAUDIO.—No comprendo esa respuesta, Hamlet, ni tales razones son para mí.
HAMLET.—Ni para mí tampoco. ¿No dices tú que una vez representaste en la universidad? ¿eh?
POLONIO.—Sí, señor, así es; y fuí reputado por muy buen actor.
HAMLET.—¿Y qué hiciste?
POLONIO.—El papel de Julio César. Bruto me asesinaba en el Capitolio.
HAMLET.—Muy bruto fué el que cometió en el Capitolio tan capital delito. ¿Están ya prevenidos los cómicos?
RICARDO.—Sí, señor, y esperan sólo vuestras órdenes.
GERTRUDIS.—Ven aquí, mi querido Hamlet, ponte á mi lado.
(Gertrudis y Claudio se sientan junto á la puerta por donde han de salir los actores. Siguen por su orden las damas y caballeros. Hamlet se sienta en el suelo á los pies de Ofelia).
HAMLET.—No, señora; aquí hay un imán de más atracción para mí.
POLONIO.—¡Ah! ¡ah! ¿habéis notado eso?
HAMLET.—¿Permitiréis que me ponga sobre vuestra rodilla?
OFELIA.—No, señor.
HAMLET.—Quiero decir, apoyar mi cabeza en vuestra rodilla.
OFELIA.—Sí, señor.
HAMLET.—¿Pensáis que yo quisiera cometer alguna indecencia?
OFELIA.—No, no pienso nada de eso.
HAMLET.—¡Qué dulce cosa es...!
OFELIA.—¿Qué decís, señor?
HAMLET.—Nada.
OFELIA.—Se conoce que estáis de fiesta.
HAMLET.—¿Quién yo?
OFELIA.—Sí, señor.
HAMLET.—Lo hago sólo por divertiros. Y bien mirado, ¿qué debe hacer un hombre sino vivir alegre? Ved mi madre qué contenta está, y mi padre murió ayer.
OFELIA.—¡Eh! no, señor, que ya hace dos meses.
HAMLET.—¿Tanto ha? ¡Oh! pues quiero vestirme todo de armiños, y llévese el diablo el luto. ¡Dios mío! ¿dos meses há que murió, y todavía se acuerdan de él? De esa manera ya puede esperarse que la memoria de un grande hombre le sobreviva quizás medio año; bien que es menester que haya sido fundador de iglesias, que si no, por la Virgen santa no habrá nadie que de él se acuerde, como del caballo de palo, de quien dice aquel epitafio:
Ya murió el caballito de palo, Y ya le olvidaron así que murió.
(Suenan trompetas, y se da principio á la escena muda.—Salen el duque y la duquesa (que lo harán los cómicos primero y segundo); al encontrarse, se saludan y abrazan afectuosamente; ella se arrodilla mostrando el mayor respeto; él la levanta y reclina la cabeza sobre el pecho de su esposa. Acuéstase el duque en un lecho de flores, y ella se retira al verle dormido. Sale el cómico tercero (que hace el papel de Luciano, sobrino del duque), se acerca, le quita al duque la corona, la besa, le derrama en el oído una porción de licor que lleva en un frasco, y hecho esto se va. Vuelve la duquesa, y hallando muerto á su marido, manifiesta gran sentimiento. Sale Luciano con dos ó tres que le acompañan, y hace ademanes de dolor; manda retirar el cadáver, y quedando á solas con la duquesa, la solicita y la ofrece dádivas; ella resiste un poco y le desdeña, pero al fin admite su amor. Vanse.)
OFELIA.—¿Qué significa esto, señor?
HAMLET.—Esto es un asesinato oculto, y anuncia grandes maldades.
OFELIA.—Según parece, la escena muda contiene el argumento del drama.



