Hamlet · William Shakespeare

ESCENA XIII

Capítulo 60 de 80 · 1 min de lectura

CLAUDIO, GERTRUDIS, OFELIA, HORACIO

GERTRUDIS.—¡Desgraciada! ¿Veis esto, señor?

OFELIA.—Blancos pañales le vestían como la nieve del monte, y al sepulcro le conducen cubierto de bellas flores, que en tierno llanto de amor se humedecieron entonces.

CLAUDIO.—¿Cómo estás, graciosa niña?

OFELIA.—Buena: Dios os lo pague... Dicen que la lechuza fué antes una doncella, hija de un panadero... ¡Ah!... Sabemos lo que somos ahora. Pero no lo que podemos ser... Dios vendrá á visitarnos.

CLAUDIO.—Alusión á su padre.

OFELIA.—Pero no, no hablemos más en esto; y si os preguntan lo que significa, decid:

De san Valentino la fiesta es mañana: yo, niña amorosa, al toque del alba iré á que me veas desde tu ventana, para que la suerte dichosa me caiga. Despierta el mancebo, se viste de gala.

Y él responde entonces:

Por el sol te juro que no lo olvidara, si tú no te hubieras venido á mi cama.

CLAUDIO.—¡Graciosa Ofelia!

OFELIA.—Sí, voy á acabar: sin jurarlo, os prometo que la voy á concluir.

¡Ay, mísera! ¡Cielos! ¡Torpeza, villana! ¿Qué galán desprecia ventura tan alta? Pues todos son falsos, le dice indignada: antes que en tus brazos me mirase incauta, de hacerme tu esposa me diste palabra. Y abriendo las puertas entró la muchacha, que viniendo virgen volvió desflorada.

CLAUDIO.—¿Cuánto ha que está así?

OFELIA.—Yo espero que todo irá bien... Debemos tener paciencia... (Se entristece y llora). Pero yo no puedo menos de llorar considerando que le han dejado sobre la tierra fría... Mi hermano lo sabrá... preciso... Y yo os doy las gracias por vuestros buenos consejos... (Con mucha viveza y alegría). Vamos, la carroza. Buenas noches, señoras, buenas noches. Amiguitas, buenas noches, buenas noches, buenas noches.

CLAUDIO (á Horacio).—Acompáñala á su cuarto, y haz que la asista suficiente guardia. Yo te lo ruego.