Hamlet · William Shakespeare

ESCENA VIII

Capítulo 77 de 80 · 1 min de lectura

HAMLET, HORACIO

HORACIO.—Temo que habéis de perder, señor.

HAMLET.—No, yo pienso que no. Desde que él partió para Francia, no he cesado de ejercitarme, y creo que le llevaré ventaja... Pero... no podrás imaginarte qué angustia siento aquí en el corazón... ¿Y sobre qué?... No hay motivo...

HORACIO.—Con todo eso, señor...

HAMLET.—¡Ilusiones vanas!... Especies de presentimientos capaces sólo de turbar un alma femenil.

HORACIO.—Si sentís interiormente alguna repugnancia, no hay por qué empeñaros. Yo me adelantaré á encontrarlos, y les diré que estáis indispuesto.

HAMLET.—No, no... Me burlo yo de tales presagios. Hasta en la muerte de un pajarillo interviene una providencia irresistible. Si mi hora es llegada, no hay que esperarla; si no ha de venir ya, señal que es hora; y si ahora no fuese, habrá de ser después: todo consiste en hallarse prevenido para cuando venga. Si el hombre al terminar su vida ignora siempre lo que podría ocurrir después, ¿qué importa que la pierda tarde ó presto? Sepa morir.