Ann Veronica · H. G. Wells

Parte 3

Capítulo 66 de 106 · 1 min de lectura

Tenía la intención de plantear estas cuestiones sutiles y difíciles al capellán cuando le avisaron de su llegada. Pero no había contado con la etiqueta de Canongate. Se puso de pie, como le habían indicado, al verlo aparecer, y él la sorprendió sentándose, según la costumbre, en su banquillo. Aún llevaba puesto el sombrero, para mostrar que los días de los milagros y de Cristo siendo cortés con los pecadores han terminado para siempre. Percibió que su semblante solo se mantenía sereno a fuerza de gran esfuerzo, sus facciones severamente apretadas. Estaba alterado, y sus orejas enrojecidas, sin duda por alguna controversia reciente. La clasificó en cuanto se sentó.

—Otra joven, supongo —dijo—, que cree saber mejor que su Creador cuál es su lugar en el mundo. ¿Tienes algo que preguntarme?

Ann Veronica reajustó su mente apresuradamente. Enderezó la espalda. Extrajo de lo más hondo de su orgullo ese tono feo y escrutador de la visitante moderna de distrito. —¿Es usted un tipo especial de clérigo —dijo, tras una pausa, mirándolo con desdén—, o va usted a las Universidades?

—¡Oh! —exclamó él, profundamente.

Jadeó un momento con respuestas que no llegó a pronunciar y luego, con un gesto desdeñoso, se levantó y salió de la celda.

Así que Ann Veronica no pudo obtener el consejo experto que sin duda necesitaba sobre su estado espiritual.