Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare

SCENE III. Rome. A Room in Caesar’s House.

Capítulo 35 de 818 · 1 min de lectura

Entran Antonio, César y Octavia entre ambos.

ANTONIO. El mundo y mi alto cargo a veces me apartarán de tu lado.

OCTAVIA. Todo ese tiempo, ante los dioses doblaré mi rodilla y elevaré mis plegarias por ti.

ANTONIO. Buenas noches, señor. —Mi Octavia, no leas mis defectos en lo que dice el mundo. No he obrado siempre con rectitud, pero de ahora en adelante todo se hará según la norma. Buenas noches, querida dama.

OCTAVIA. Buenas noches, señor.

CÉSAR. Buenas noches.

[Salen César y Octavia.]

Entra el Adivino.

ANTONIO. Ahora, tunante, ¿desearías estar en Egipto?

ADIVINO. ¡Ojalá nunca hubiera salido de allí, ni tú hubieras ido!

ANTONIO. Si puedes, dime tu razón.

ADIVINO. Lo veo en mis movimientos, pero no lo tengo en la lengua. Sin embargo, apresúrate a volver a Egipto.

ANTONIO. Dime, ¿de quién será más grande la fortuna, la de César o la mía?

ADIVINO. La de César. Por eso, oh Antonio, no permanezcas a su lado. Tu demonio —ese espíritu que te guarda— es noble, valiente, elevado, sin igual, donde el de César no lo es. Pero cerca de él, tu ángel se atemoriza, como si fuera dominado. Por eso, mantén suficiente distancia entre ustedes.

ANTONIO. No hables más de esto.

ADIVINO. A nadie más que a ti; y solo cuando sea contigo. Si juegas con él a cualquier juego, seguro perderás; y por esa suerte natural, él te vence aun en desventaja. Tu brillo se apaga cuando él resplandece cerca. Te repito, tu espíritu teme gobernarte cerca de él; pero, cuando él se aleja, es noble.

ANTONIO. Márchate. Dile a Ventidio que quiero hablar con él.

[Sale el Adivino.]

Irá a Partia. Sea arte o azar, ha dicho la verdad. Hasta los dados le obedecen, y en nuestros juegos mi mejor destreza se desvanece ante su suerte. Si echamos suertes, él gana; sus gallos siempre vencen a los míos cuando todo está perdido, y sus codornices siempre baten a las mías, encerradas, aun en desventaja. Iré a Egipto; y aunque este matrimonio lo hago por mi paz, en Oriente está mi placer.

Entra Ventidio.

Oh, ven, Ventidio, debes ir a Partia. Tu comisión está lista. Sígueme y recíbela.

[Salen.]