Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare

SCENE III. A Room in Gloucester’s Castle

Capítulo 397 de 818 · 1 min de lectura

Entran Gloucester y Edmundo.

GLOUCESTER. ¡Ay, ay, Edmundo, no me agrada este trato antinatural! Cuando pedí permiso para poder compadecerme de él, me privaron del uso de mi propia casa; me ordenaron, bajo pena de su perpetuo desagrado, que no hablara de él, ni intercediera por él, ni de ninguna manera lo ayudara.

EDMUNDO. ¡Qué salvaje y antinatural!

GLOUCESTER. Basta; no digas nada. Hay división entre los Duques, y algo peor aún: he recibido una carta esta noche;—es peligroso hablar de ello;—he guardado la carta bajo llave en mi gabinete: estas injurias que ahora sufre el Rey serán vengadas en su momento; ya hay parte de una fuerza en marcha: debemos inclinarnos hacia el Rey. Iré a verlo y a socorrerlo en secreto: tú ve y conversa con el Duque, para que mi caridad no sea notada por él: si pregunta por mí, dile que estoy enfermo y me he acostado. Si muero por esto, como no es menor la amenaza que pesa sobre mí, el Rey, mi viejo señor, debe ser socorrido. Algo extraño está por suceder, Edmundo; te ruego que tengas cuidado.

[Sale.]

EDMUNDO. Esta cortesía, que te está prohibida, el Duque la sabrá de inmediato; y también lo de esa carta. Esto parece un buen mérito, y debe traerme aquello que mi padre pierde, nada menos que todo: el joven asciende cuando el viejo cae.

[Sale.]