Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare
SCENE III. Tarsus. A room in Cleon’s house.
Capítulo 570 de 818 · 1 min de lectura
Entran Pericles, Cleón, Dionisa y Lícórida con Marina en brazos.
PERICLES. Muy honrado Cleón, debo partir; mis doce meses han expirado y Tiro se encuentra en una paz litigiosa. Usted y su señora, reciban de mi corazón todo mi agradecimiento. ¡Que los dioses les colmen con el resto!
CLEÓN. Los dardos de la fortuna, aunque le hieren mortalmente, a nosotros apenas nos rozan de manera errante.
DIONISA. ¡Oh, su dulce reina! Si los severos hados hubieran querido que la trajera aquí, ¡para bendecir mis ojos con ella!
PERICLES. No podemos sino obedecer a los poderes que están sobre nosotros. Aunque pudiera enfurecerme y rugir como el mar en el que ella yace, el final debe ser como es. Mi dulce niña Marina, a quien así he llamado porque nació en el mar, aquí encomiendo a su caridad, dejándola como infante bajo su cuidado; les ruego que le den educación de princesa, para que se conduzca como corresponde a su nacimiento.
CLEÓN. No tema, mi señor, sino piense que su gracia, que alimentó a mi país con su trigo, por lo cual las oraciones del pueblo aún recaen sobre usted, debe ser recordada en su hija. Si la negligencia me volviera vil en esto, el pueblo, por usted socorrido, me obligaría a cumplir mi deber. Pero si además mi naturaleza necesitara un estímulo, ¡los dioses lo cobren en mí y en los míos hasta el fin de la generación!
PERICLES. Le creo; su honor y su bondad me lo enseñan, sin necesidad de juramentos. Hasta que se case, señora, por la brillante Diana, a quien honramos, este cabello mío permanecerá intacto, aunque me vea mal con ello. Así me despido. Buena señora, hágame dichoso con su cuidado en la crianza de mi hija.
DIONISA. Yo tengo una propia, que no será más querida para mí que la suya, mi señor.
PERICLES. Señora, mis gracias y oraciones.
CLEÓN. Acompañaremos a su gracia hasta la orilla misma, y luego lo encomendaremos al enmascarado Neptuno y a los vientos más suaves del cielo.
PERICLES. Acepto su ofrecimiento. Venga, amadísima señora. Oh, no llores, Lícórida, no llores. Cuida de tu pequeña señora, de cuya gracia podrás depender en el futuro. Ven, mi señor.
[Salen.]



