Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare
SCENE IV. A field before Thebes.
Capítulo 782 de 818 · 2 min de lectura
Cornetas. Se oye una batalla dentro; luego, una retirada. Fanfarrias. Entran luego Teseo, como vencedor, con un heraldo, otros lores y soldados. Las tres reinas lo encuentran y se postran rostro en tierra ante él.
PRIMERA REINA. ¡Que ninguna estrella se oscurezca para ti!
SEGUNDA REINA. ¡Que el cielo y la tierra sean tus amigos por siempre!
TERCERA REINA. Todo el bien que pueda desearse para tu cabeza, yo digo “¡Amén!”
TESEO. Los dioses imparciales, que desde los cielos elevados nos miran, a nosotros, su rebaño mortal, ven quién yerra y, a su tiempo, castigan. Vayan y busquen los restos de sus señores muertos y hónrenlos con triple ceremonia; antes que falte algo en sus queridos ritos, nosotros lo supliremos, pero designaremos a quienes los invistan en sus dignidades y completen cada cosa que nuestra prisa deje imperfecta. Así pues, adiós, y que los buenos ojos del cielo los acompañen.
[Salen las Reinas.]
Entran un heraldo y soldados llevando a Palamón y Arcite en andas.
¿Quiénes son esos?
HERALDO. Hombres de gran calidad, como puede juzgarse por su porte. Algunos de Tebas nos han dicho que son hijos de hermanas, sobrinos del rey.
TESEO. Por el yelmo de Marte, los vi en la guerra, como un par de leones, manchados de presa, abriendo paso entre tropas aterradas. Fijé mi atención en ellos constantemente, pues eran un blanco digno de la mirada de un dios. ¿Qué prisionero fue el que me dijo sus nombres cuando pregunté por ellos?
HERALDO. Con su permiso, se llaman Arcite y Palamón.
TESEO. Es cierto; esos, esos. ¿No están muertos?
HERALDO. Ni en estado de vida. Si hubieran sido atendidos cuando recibieron sus últimas heridas, quizá podrían haberse recuperado; aún respiran y llevan el nombre de hombres.
TESEO. Entonces trátenlos como hombres. Las heces de tales hombres, en millones de medidas, superan el vino de otros. Que todos nuestros cirujanos se reúnan en su favor; nuestros bálsamos más ricos, antes que escatimar, que se gasten. Sus vidas nos importan mucho más de lo que vale Tebas. Antes que verlos libres de este estado y en su plenitud, sanos y en libertad, los preferiría muertos; pero mil veces más preferimos tenerlos prisioneros nuestros que de la muerte. Llévenlos pronto de nuestro aire amable, que para ellos es cruel, y denles toda la ayuda que un hombre puede dar a otro, por nosotros, más aún, pues he conocido miedos, furia, mandatos de amigos, provocaciones de amor, el deber de una amada, deseo de libertad, fiebre, locura, que han puesto una marca que la naturaleza no podría alcanzar sin alguna imposición, enfermedad en la voluntad sobreponiéndose a la fuerza de la razón. Por nuestro amor y la gran misericordia de Apolo, que todos los nuestros ofrezcan lo mejor de su habilidad. Llévenlos a la ciudad, donde, tras atar los cabos sueltos, partiremos hacia Atenas delante de nuestro ejército.
[Fanfarrias. Salen.]



