Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare

SCENE I. Sicilia. An Antechamber in Leontes’ Palace.

Capítulo 804 de 818 · 1 min de lectura

Entran Camilo y Arquídamo.

ARQUÍDAMO. Si acaso, Camilo, visitas Bohemia en ocasión semejante a aquella por la que ahora presto mis servicios, verás, como te he dicho, gran diferencia entre nuestra Bohemia y tu Sicilia.

CAMILO. Creo que este verano el rey de Sicilia tiene la intención de devolver a Bohemia la visita que justamente le debe.

ARQUÍDAMO. En eso, nuestra hospitalidad nos dejará en vergüenza; sólo podremos justificarnos en nuestro afecto. Porque en verdad,—

CAMILO. Os lo ruego—

ARQUÍDAMO. En verdad, lo digo con la libertad que me da mi conocimiento. No podemos, con tal magnificencia—en tan rara—no sé cómo expresarlo. Les daremos brebajes para dormir, para que sus sentidos, ignorantes de nuestra insuficiencia, aunque no puedan alabarnos, tampoco nos acusen demasiado.

CAMILO. Pagan demasiado caro lo que se da de buena voluntad.

ARQUÍDAMO. Créame, hablo como me dicta mi entendimiento y como mi honestidad me impulsa a decirlo.

CAMILO. Sicilia no puede mostrarse demasiado generosa con Bohemia. Se criaron juntos en su infancia, y entonces se arraigó entre ellos tal afecto que ahora no puede sino florecer. Desde que sus más maduras dignidades y necesidades reales los separaron, sus encuentros, aunque no personales, han sido dignamente representados con intercambio de regalos, cartas, embajadas afectuosas, de modo que han parecido estar juntos, aun estando ausentes; se han dado la mano, como a través de una vasta distancia; y se han abrazado como si lo hicieran desde los extremos de vientos opuestos. ¡Que el cielo conserve su amistad!

ARQUÍDAMO. Creo que no hay en el mundo ni malicia ni motivo que pueda alterarla. Tienen un consuelo inefable en su joven príncipe Mamilio. Es un caballero de las mayores promesas que jamás he conocido.

CAMILO. Concuerdo plenamente con usted en las esperanzas que inspira. Es un niño gallardo; uno que en verdad sana al pueblo, rejuvenece los corazones viejos. Aquellos que andaban en muletas antes de que él naciera aún desean vivir para verlo hecho hombre.

ARQUÍDAMO. ¿De otro modo estarían dispuestos a morir?

CAMILO. Sí, si no hubiera otra razón por la cual desearan seguir viviendo.

ARQUÍDAMO. Si el rey no tuviera hijo, desearían vivir en muletas hasta que tuviera uno.

[Salen.]