Hamlet · William Shakespeare

ESCENA III

Capítulo 14 de 80 · 1 min de lectura

Salón de palacio

CLAUDIO, GERTRUDIS, RICARDO, GUILLERMO, acompañamiento

CLAUDIO.—Bien venido, Guillermo; y tú también, querido Ricardo. Además de lo mucho que se me dilata el veros, la necesidad que tengo de vosotros me ha determinado á solicitar vuestra venida. Algo habéis oído ya de la transformación de Hamlet. Así puedo llamarla, puesto que ni en lo interior ni en lo exterior se parece nada al que antes era; ni llego á imaginar qué otra causa haya podido privarle así de la razón, si ya no es la muerte de su padre. Yo os ruego á entrambos, pues desde la primera infancia os habéis criado con él, y existe entre vosotros aquella intimidad nacida de la igualdad en los años y el genio, que tengáis á bien deteneros en mi corte algunos días. Acaso el trato vuestro restablecerá su alegría; y aprovechando las ocasiones que se presenten, ved cuál sea la ignorada aflicción que así le consume, para que descubriéndola procuremos su alivio.

GERTRUDIS.—El ha hablado mucho de vosotros, mis buenos señores, y estoy segura de que no se hallarán otros dos sujetos á quienes él profese mayor cariño. Si tanta fuese vuestra bondad, que gustéis de pasar con nosotros algún tiempo para contribuir al logro de mi esperanza, vuestra asistencia será remunerada como corresponde al agradecimiento de un rey.

RICARDO.—VV. MM. tienen soberana autoridad en nosotros, y en vez de rogar deben mandarnos.

GUILLERMO.—Uno y otro obedeceremos, y postramos á vuestros pies, con el más puro afecto, el celo de serviros que nos anima.

CLAUDIO.—Muchas gracias, cortés Guillermo. Gracias, Ricardo.

GERTRUDIS.—Os quedo muy agradecida, señores, y os pido que veáis cuanto antes á mi doliente hijo. (A los criados.) Conduzca alguno de vosotros á estos caballeros adonde Hamlet se halle.

GUILLERMO.—Haga el cielo que nuestra compañía y nuestros conatos puedan serle agradables y útiles.

GERTRUDIS.—Sí. Amén.