Hamlet · William Shakespeare
ESCENA VII
Capítulo 18 de 80 · 2 min de lectura
POLONIO, HAMLET
POLONIO.—¿Cómo os va, mi buen señor?
(Hamlet sale leyendo un libro.)
HAMLET.—Bien, á Dios gracias.
POLONIO.—¿Me conocéis?
HAMLET.—Perfectamente. Tú vendes peces.
POLONIO.—¿Yo? No, señor.
HAMLET.—Así fueras honrado.
POLONIO.—¿Honrado decís?
HAMLET.—Sí, señor, que lo digo. El ser honrado, según va el mundo, es lo mismo que ser escogido uno entre diez mil.
POLONIO.—Todo eso es verdad.
HAMLET.—Si el sol engendra gusanos en un perro muerto, y aunque es un dios, alumbra benigno con sus rayos á un cadáver corrupto... ¿No tienes una hija?
POLONIO.—Sí, señor, una tengo.
HAMLET.—Pues no la dejes pasear al sol. La concepción es una bendición del cielo, pero no del modo en que tu hija podrá concebir. Cuida mucho de esto, amigo.
POLONIO.—Pero ¿qué queréis decir con eso? Siempre está pensando en mi hija. No obstante, al principio no me conoció... Dice que vendo peces... ¡Está rematado, rematado!... Y en verdad que yo también, siendo mozo, me vi muy trastornado por el amor... casi tanto como él. Quiero hablarle otra vez. ¿Qué estáis leyendo?
HAMLET.—Palabras, palabras, todo palabras.
POLONIO.—¿Y de qué se trata?
HAMLET.—¿Entre quién?
POLONIO.—Digo que de qué trata el libro que leéis.
HAMLET.—De calumnias. Aquí dice el malvado satírico, que los viejos tienen la barba blanca, las caras con arrugas, que vierten de sus ojos ámbar abundante y goma de ciruela, que padecen gran debilidad de piernas y mucha falta de entendimiento. Todo lo cual, señor mío, aunque yo plena y eficazmente lo creo, con todo eso, no me parece bien hallarlo afirmado en tales términos; porque al fin vos seríais sin duda tan joven como yo, si os fuera posible andar hacia atrás como el cangrejo.
POLONIO.—Aunque todo es locura, no deja de observar método en lo que dice. ¿Queréis venir, señor, adonde no os dé el aire?
HAMLET.—¿Adónde? ¿A la sepultura?
POLONIO.—Cierto que allí no da el aire. ¡Con qué agudeza responde siempre! Estos golpes felices son frecuentes en la locura, cuando en el estado de razón y salud tal vez no se logran. Voyle a dejar; y disponer al instante el careo entre él y mi hija. Señor, si me dais licencia de que me vaya...
HAMLET.—No me puedes pedir cosa que con más gusto te conceda, exceptuando la vida, eso sí, exceptuando la vida.
POLONIO.—Adiós, señor.
HAMLET.—¡Fastidiosos y extravagantes viejos!
POLONIO (á Guillermo y Ricardo, que salen por donde él se va).—Si buscáis al príncipe, vedle ahí.



