Hamlet · William Shakespeare
ESCENA X
Capítulo 21 de 80 · 4 min de lectura
HAMLET, RICARDO, GUILLERMO, POLONIO y cuatro cómicos
HAMLET.—Bien venidos, señores; me alegro de veros á todos tan buenos. Bien venidos... ¡Oh! ¡oh camarada antiguo! mucho se te ha arrugado la cara desde la última vez que te vi. ¿Vienes á Dinamarca á hacerme parecer viejo á mí también? ¡Y tú, mi niña, oiga! ya eres una señorita; por la Virgen, que ya está vuesamerced una cuarta más cerca del cielo desde que no la he visto. Dios quiera que tu voz, semejante á una pieza de oro falso, no se descubra al echarla en el crisol. Señores, muy bien venidos todos. Pero, amigos, yo voy en derechura al caso, y corro detrás del primer objeto que se me presenta, como halconero francés. Yo quiero al instante una relación. Sí, veamos alguna prueba de vuestra habilidad. Vaya un pasaje afectuoso.
CÓMICO 1.º—¿Y cuál queréis, señor?
HAMLET.—Me acuerdo de haberte oído en otro tiempo una relación que nunca se ha representado al público, ó una sola vez cuando más... Sí, y me acuerdo también que no agradaba á la multitud; no era ciertamente manjar para el vulgo. Pero á mí me pareció entonces, y aun á otros cuyo dictamen vale más que el mío, una excelente pieza, bien dispuesta la fábula, y escrita con elegancia y decoro. No faltó, sin embargo, quien dijo que no había en los versos toda la sal necesaria para sazonar el asunto, y que lo insignificante del estilo anunciaba poca sensibilidad en el autor; bien que no dejaban de tenerla por obra escrita con método, instructiva y elegante, y más brillante que delicada. Particularmente me gustó mucho en ella una relación que Eneas hace á Dido, y sobre todo cuando habla de muerte de Príamo. Si la tienes en la memoria... empieza por aquel verso... deja, deja, veré si me acuerdo.
Pirro feroz como la hircana tigre...
(Todos los versos de esta escena los dicen con declamación trágica).
No es este; pero empieza con Pirro... ¡ah!...
Pirro feroz, con pavonadas armas, negras como su intento, reclinado dentro en los senos del caballo enorme, á la lóbrega noche parecía. Ya su terrible, ennegrecido aspecto mayor espanto da. Todo lo tiñe de la cabeza al pie caliente sangre de ancianos y matronas, de robustos mancebos y de vírgenes, que abrasa el fuego de inflamados edificios en confuso montón; á cuya horrenda luz que despiden, el caudillo insano muerte y estrago esparce. Ardiendo en ira, cubierto de cuajada sangre, vuelve los ojos, al carbunclo semejantes, y busca, instado de infernal venganza, al viejo abuelo Príamo...
Prosigue tú.
POLONIO.—¡Muy bien declamado, á fe mía! con buen acento y bella expresión.
CÓMICO 1.º— Al momento le ve lidiando, ¡resistencia breve! contra los griegos; su temida espada rebelde al brazo ya, le pesa inútil. Pirro, de furias lleno, le provoca á liza desigual; herirle intenta, y el aire solo del funesto acero postra al débil anciano. Y cual si fuese a tanto golpe el Ilïon sensible, al suelo desplomó sus techos altos, ardiendo en llamas, y al rumor suspenso. Pirro... ¿Le veis? la espada que venía á herir del teucro la nevada frente se detiene en los aires, y él inmoble, absorto y mudo y sin acción su enojo, la imagen de un tirano representa que figuró el pincel. Mas como suele tal vez el cielo en tempestad obscura parar su movimiento, de los aires el ímpetu cesar, y en silenciosa quietud de muerte reposar el orbe, hasta que el trueno, con horror zumbando, rompe la alta región; así un instante suspensa fué la cólera de Pirro, y así, dispuesto á la venganza, el duro combate renovó. No más tremendo golpe en las armas de Mavorte eternas dieron jamás los cíclopes tostados, que sobre el triste anciano la cuchilla sangrienta dió del sucesor de Aquiles. ¡Oh fortuna falaz!... Vos, poderosos dioses, quitadle su dominio injusto; romped los rayos de su rueda y calces, y el eje circular desde el Olimpo caiga en pedazos del abismo al centro.
POLONIO.—Es demasiado largo.
HAMLET.—Lo mismo dirá de tus barbas el barbero. Prosigue. Este sólo gusta de ver bailar ó de oir cuentos de alcahuetas, ó si no se duerme. Prosigue con aquello de Hécuba.
CÓMICO 1.º—Pero quien viese ¡oh vista dolorosa! la mal ceñida reina...
HAMLET.—¡La mal ceñida reina!
POLONIO.—Esto es bueno, mal ceñida reina, ¡bueno!
Cómico 1.º—Pero quien viese ¡oh vista dolorosa! la mal ceñida reina, el pie desnudo, girar de un lado al otro, amenazando extinguir con sus lágrimas el fuego... En vez de vestidura rozagante cubierto el seno, harto fecundo un día, con las ropas del lecho arrebatadas (ni a más le dió lugar el susto horrible), rasgado un velo en su cabeza, donde antes resplandeció corona augusta... ¡Ay! quien la viese, á los supremos hados con lengua venenosa execraría. Los dioses mismos, si a piedad los mueve el linaje mortal, dolor sintieran de verla, cuando al implacable Pirro halló esparciendo en trozos con su espada del muerto esposo los helados miembros. Lo ve, y exclama con gemido triste, bastante á conturbar allá en su altura las deidades de Olimpo, y los brillantes ojos del cielo humedecer en lloro.
POLONIO.—Ved cómo muda de color, y se le han saltado las lágrimas. No, no prosigáis.
HAMLET.—Basta ya, presto me dirás lo que falta. Señor mío, es menester hacer que estos cómicos se establezcan, ¿lo entiendes? y agasajarlos bien. Ellos son sin duda el epítome histórico de los siglos, y más te valdrá tener después de muerto un mal epitafio que una mala reputación entre ellos mientras vivas.
POLONIO.—Yo, señor, los trataré conforme á sus méritos.
HAMLET.—¡Qué cabeza ésta! No, señor, mucho mejor. Si a los hombres se los hubiese de tratar según merecen, ¿quién escaparía de ser azotado? Trátalos como corresponde á tu nobleza y á tu propio honor; cuanto menor sea su mérito, mayor sea tu bondad. Acompáñalos.
POLONIO.—Venid, señores.
HAMLET.—Amigos, id con él. Mañana habrá comedia. Oye aquí tú, amigo, dime, ¿no pudierais representar la Muerte de Gonzago?
CÓMICO 1.º—Sí, señor.
HAMLET.—Pues mañana á la noche quiero que se haga. ¿Y no podrías, si fuese menester aprender de memoria unos doce ó diez y seis versos que quiero escribir é insertar en la pieza? ¿Podrás?
CÓMICO 1.º—Sí, señor.
HAMLET.—Muy bien; pues vete con aquel caballero, y cuenta no hagáis burla de él. Amigos, hasta la noche. Pasadlo bien.
RICARDO.—Señor...
HAMLET.—Id con Dios.



