Hamlet · William Shakespeare
ESCENA XIV
Capítulo 35 de 80 · 1 min de lectura
Cómico tercero y dichos
HAMLET.—Este que sale ahora se llama Luciano, sobrino del duque.
OFELIA.—Vos suplís perfectamente la falta del coro.
HAMLET.—Y aun pudiera servir de intérprete entre vos y vuestro amante, si viese puestos en acción entrambos títeres.
OFELIA.—¡Vaya, que tenéis una lengua que corta!
HAMLET.—Con un buen suspiro que deis, se le quita el filo.
OFELIA.—Eso es; siempre de mal en peor.
HAMLET.—Así hacéis vosotras en la elección de marido: de mal en peor... Empieza, asesino... Déjate de poner ese gesto de condenado, y empieza. Vamos... el cuervo graznador está ya gritando venganza.
CÓMICO 3.º—Negros designios, brazo ya dispuesto á ejecutarlos, tósigo oportuno, sitio remoto, favorable el tiempo, y nadie que lo observe. Tú, extraído de la profunda noche en el silencio, atroz veneno de mortales hierbas (invocada Prosérpina) compuesto; infectadas tres veces, y otras tantas exprimidas después, sirve á mi intento; pues á tu actividad mágica, horrible, la robustez vital cede tan presto.
(Acércase adonde está durmiendo el cómico primero; destapa un frasquillo, y le echa una porción de licor en el oído).
HAMLET.—¿Veis? Ahora le envenena en el jardín para usurparle el cetro. El duque se llama Gonzago... Es historia cierta, y corre escrita en muy buen italiano. Presto veréis cómo la mujer de Gonzago se enamora del matador.
(Levántase Claudio lleno de indignación. Gertrudis, los caballeros, damas y acompañamiento hacen lo mismo, y se van según lo indica el diálogo).
OFELIA.—El rey se levanta.
HAMLET.—Qué, ¿le atemoriza un fuego aparente?
GERTRUDIS.—¿Qué tenéis, señor?
POLONIO.—No paséis adelante, dejadlo.
CLAUDIO.—Traed luces. Vamos de aquí.
TODOS.—Luces, luces.



