Hamlet · William Shakespeare
ESCENA XV
Capítulo 36 de 80 · 1 min de lectura
HAMLET, HORACIO, cómico primero, cómico tercero
(Hamlet canta estos versos en voz baja, y representa los que siguen después. Los cómicos primero y tercero estarán retirados á un extremo del teatro, esperando sus órdenes).
HAMLET.—El ciervo herido llora, y el corzo no tocado de flecha voladora, se huelga por el prado; duerme aquel, y á deshora veis éste desvelado; que tanto el mundo va desordenado.
Y dígame, señor mío: si en adelante la fortuna me tratase mal, con esta gracia que tengo para la música y un bosque de plumas en la cabeza, y un par de lazos provenzales en mis zapatos rayados, ¿no podría hacerme lugar entre un coro de comediantes?
HORACIO.—Mediano papel.
HAMLET.—¿Mediano? excelente. Tú sabes, Damón querido, que esta nación ha perdido al mismo Jove y violento tirano le ha sucedido en el trono mal habido, un... ¿quién diré yo? un... un sapo.
HORACIO.—Bien pudierais haber conservado el consonante.
HAMLET.—¡Oh! mi buen Horacio; cuanto aquel espíritu dijo es demasiado cierto. ¿Lo has visto ahora?
HORACIO.—Sí, señor, bien lo he visto.
HAMLET.—¿Cuando se trató del veneno?
HORACIO.—Bien, bien le observé entonces.
HAMLET.—¡Ah! quisiera algo de música (A los cómicos:) traedme unas flautas... Si el rey no gusta de la comedia, será sin duda porque... porque no le gusta. Vaya un poco de música.



