Hamlet · William Shakespeare

ESCENA XVI

Capítulo 37 de 80 · 1 min de lectura

HAMLET, HORACIO, RICARDO, GUILLERMO

GUILLERMO.—Señor, ¿permitiréis que os diga una palabra?

HAMLET.—Y una historia entera.

GUILLERMO.—El rey...

HAMLET.—Muy bien: ¿qué le sucede?

GUILLERMO.—Se ha retirado á su cuarto con mucha destemplanza.

HAMLET.—¿De vino, eh?

GUILLERMO.—No, señor, de cólera.

HAMLET.—Pero ¿no sería más acertado írselo á contar al médico? ¿No veis que si yo me meto en hacerle purgar ese humor bilioso, puede ser que se le aumente?

GUILLERMO.—¡Oh! señor, dad algún sentido á lo que habláis, sin desentenderos con tales extravagancias de lo que os vengo á decir.

HAMLET.—Estamos de acuerdo. Prosigue pues.

GUILLERMO.—La reina vuestra madre, llena de la mayor aflicción, me envía á buscaros.

HAMLET.—Seáis muy bien venido.

GUILLERMO.—Esos cumplimientos no tienen nada de sinceridad. Si queréis darme una respuesta sensata, desempeñaré el cargo de la reina; si no, con pediros perdón y retirarme se acabó todo.

HAMLET.—Pues, señor, no puedo.

GUILLERMO.—¿Cómo?

HAMLET.—Me pides una respuesta, y mi razón está un poco achacosa: no obstante, responderé del modo que pueda á cuanto me mandes, ó por mejor decir, á lo que mi madre me manda. Con que nada hay que añadir en esto. Vamos al caso. Tú has dicho que mi madre...

RICARDO.—Señor, lo que dice es que vuestra conducta la ha llenado de sorpresa y admiración.

HAMLET.—¡Oh maravilloso hijo, que así ha podido aturdir á su madre! Pero díme, ¿esa admiración no ha traído otra consecuencia? ¿No hay algo más?

RICARDO.—Sólo que desea hablaros en su gabinete antes que os vayáis a recoger.

HAMLET.—La obedeceré, si diez veces fuera mi madre. ¿Tienes algún otro negocio que tratar conmigo?

RICARDO.—Señor, yo me acuerdo de que en otro tiempo me estimabais mucho.

HAMLET.—Y ahora también. Te lo juro por estas manos rateras.

RICARDO.—Pero ¿cuál puede ser el motivo de vuestra indisposición? Eso, por cierto, es cerrar vos mismo las puertas á vuestra libertad, no queriendo comunicar con vuestros amigos los pesares que sentís.

HAMLET.—Estoy muy atrasado.

RICARDO.—¿Cómo es posible, cuando tenéis el voto del rey mismo para sucederle en el trono de Dinamarca?

HAMLET.—Sí, pero mientras nace la hierba... Ya es un poco antiguo el tal refrán. ¡Ah! ya están aquí las flautas.