Hamlet · William Shakespeare

ESCENA XIX

Capítulo 40 de 80 · 1 min de lectura

HAMLET

Este es el espacio de la noche apto á los maleficios. Esta es la hora en que los cementerios se abren, y el infierno respira contagios al mundo. Ahora podría yo beber caliente sangre; ahora podría ejecutar tales acciones, que el día se estremeciese al verlas. Pero vamos á ver á mi madre. ¡Oh corazón! no desconozcas la naturaleza, ni permitas que en este firme pecho se albergue la fiereza de Nerón. Déjame ser cruel, pero no parricida. El puñal que ha de herirla esté en mis palabras, no en mi mano; disimulen el corazón y la lengua; sean las que fueren las execraciones que contra ella pronuncie, nunca, nunca mi alma solicitará que se cumplan.