Hamlet · William Shakespeare

ESCENA III

Capítulo 51 de 80 · 1 min de lectura

Cuarto de Hamlet

HAMLET, RICARDO, GUILLERMO

HAMLET.—Colocado ya en lugar seguro... Pero...

RICARDO (desde adentro).—¡Hamlet! ¡señor!

HAMLET.—¿Qué ruido es este? ¿Quién llama á Hamlet?... ¡Oh! ya están aquí. (Salen Ricardo y Guillermo).

RICARDO.—Señor, ¿qué habéis hecho del cadáver?

HAMLET.—Ya está entre el polvo, del cual es pariente cercano.

RICARDO.—Decidnos dónde está, para que le hagamos llevar á la capilla.

HAMLET.—¡Ah!... no lo creáis, no.

RICARDO.—¿Qué es lo que no debemos creer?

HAMLET.—Que yo pueda guardar vuestro secreto, y os revele el mío... Y además, ¿qué ha de responder el hijo de un rey a las instancias de un entrometido palaciego?

RICARDO.—¿Entrometido me llamáis?

HAMLET.—Sí, señor, entrometido; que como una esponja chupa del favor del rey las riquezas y la autoridad. Pero estas gentes á lo último de su carrera es cuando sirven mejor al príncipe; porque éste, semejante al mono, se los mete en un rincón de la boca; allí los conserva, y el primero que entró es el último que se traga. Cuando el rey necesite lo que tú (que eres su esponja) le hayas chupado, te coge, te exprime, y quedas enjuto otra vez.

RICARDO.—No comprendo lo que decís.

HAMLET.—Me place en extremo. Las razones agudas son ronquidos para los oídos tontos.

RICARDO.—Señor, lo que importa es que nos digáis en dónde está el cuerpo, y os vengáis con nosotros á ver al rey.

HAMLET.—El cuerpo está con el rey; pero el rey no está con el cuerpo. El rey viene á ser una cosa, como...

GUILLERMO.—¿Qué cosa, señor?

HAMLET.—Una cosa que no vale nada... Pero guarda, Pablo... Vamos á verle.