Hamlet · William Shakespeare

ESCENA IV

Capítulo 52 de 80 · 1 min de lectura

Salón de palacio

CLAUDIO

Le he enviado á llamar, y he mandado buscar el cadáver. ¡Qué peligroso es dejar en libertad á este mancebo! Pero no es posible tampoco ejercer sobre él la severidad de las leyes. Está muy querido de la fanática multitud, cuyos afectos se determinan por los ojos, no por la razón, y que en tales casos considera el castigo del delincuente, y no el delito. Conviene, para mantener la tranquilidad, que esa repentina ausencia de Hamlet aparezca como cosa muy de antemano meditada y resuelta. Los males desesperados, ó son incurables, ó se alivian con desesperados remedios.

ESCENA V

CLAUDIO, RICARDO

CLAUDIO.—¿Qué hay, qué ha sucedido?

RICARDO.—No hemos podido lograr que nos diga adonde ha llevado el cadáver.

CLAUDIO.—Pero él ¿en dónde está?

RICARDO.—Afuera quedó con gente que le guarda, esperando vuestras órdenes.

CLAUDIO.—Traedle á mi presencia.

RICARDO.—Guillermo: que venga el príncipe.