Hamlet · William Shakespeare
ESCENA XVIII
Capítulo 65 de 80 · 1 min de lectura
CLAUDIO, GERTRUDIS, LAERTES
LAERTES.—¡Veis esto, Dios mío!
CLAUDIO.—Yo debo tomar parte en tu aflicción, Laertes: no me niegues este derecho. Oyeme aparte. Elige entre los más prudentes de tus amigos aquéllos que te parezca. Oigannos á entrambos, y juzguen. Si por mí propio ó por mano ajena resultó culpado, mi reino, mi corona, mi vida, cuanto puedo llamar mío, todo te lo daré para satisfacerte. Si no hay culpa en mí, deberé contar otra vez con tu obediencia, y unidos ambos, buscaremos los medios de aliviar tu dolor.
LAERTES.—Hágase lo que decís... Su arrebatada muerte, su obscuro funeral, sin trofeos, armas, ni escudos sobre el cadáver, ni debidos honores, ni decorosa pompa; todo, todo está clamando del cielo á la tierra por un examen el más riguroso.
CLAUDIO.—Tú le obtendrás, y la segur terrible de la justicia caerá sobre el que fuere delincuente. Ven conmigo.
ESCENA XIX
Sala en casa de Horacio
HORACIO, un criado
HORACIO.—¿Quiénes son los que me quieren hablar?
CRIADO.—Unos marineros que, según dicen, os traen cartas.
HORACIO.—Hazlos entrar. (Vase el criado). Yo no sé de qué parte del mundo pueda nadie escribirme, si ya no es Hamlet mi señor.



