Hamlet · William Shakespeare
ESCENA XX
Capítulo 66 de 80 · 1 min de lectura
HORACIO, dos marineros
MARINERO 1.º—Dios os guarde.
HORACIO.—Y á vosotros también.
MARINERO 1.º—Así lo hará, si es su voluntad. Estas cartas del embajador que se embarcó para Inglaterra vienen dirigidas á vos, si os llamáis Horacio como nos han dicho.
HORACIO. (Lee la carta.)—«Horacio: luego que hayas leído esta, dirigirás esos hombres al rey, para el cual les he dado una carta. Apenas llevábamos dos días de navegación, cuando empezó á darnos caza un pirata muy bien armado. Viendo que nuestro navío era poco velero, nos vimos precisados á apelar al valor. Llegamos al abordaje: yo salté el primero en la embarcación enemiga, que al mismo tiempo logró desaferrarse de la nuestra, y por consiguiente me hallé solo y prisionero. Ellos se han portado conmigo como ladrones compasivos; pero ya sabían lo que se hacían, y se lo he pagado muy bien. Haz que el rey reciba las cartas que le envío, y tú ven á verme con tanta diligencia como si huyeras de la muerte. Tengo unas cuantas palabras que decirte al oído, que te dejarán atónito, bien que todas ellas no serán suficientes á expresar la importancia del caso. Esos buenos hombres te conducirán hasta aquí. Guillermo y Ricardo siguieron su camino á Inglaterra. Mucho tengo que decirte de ellos. Adiós. Tuyo siempre.—HAMLET.»
Vamos. Yo os introduciré para que presentéis esas cartas. Conviene hacerlo pronto, á fin de que me llevéis después adonde queda el que os las entregó.



