Los miserables · Victor Hugo

Chapter 6

Capítulo 171 de 171 · 1 min de lectura

=La yerba guarda y la lluvia borra=

Existe en el cementerio del Padre Lachaise, á los alrededores de la fosa común, lejos del barrio elegante de aquella ciudad de los sepulcros, lejos de todas aquellas tumbas de fantasía, que ostentan, en presencia de la eternidad las repugnantes modas de la muerte, en un ángulo desierto á lo largo de una antigua tapia, bajo un gran tejo por cuyo tronco trepan mil enredaderas, entre la grama y el musgo, una piedra. Dicha piedra no está menos exenta que las otras de las lepras del tiempo, del moho, de los líquenes, del fiemo de los pájaros. El agua la verdea, y el aire la ennegrece. No está próxima á ningún sendero, y no agrada ir por aquel lado, porque la yerba es alta y los pies se mojan fácilmente.

Cuando hay un poco de sol, acuden los lagartos. En su derredor se agitan estremecidos los tallos de egílope. Durante la primavera, cantan las currucas en el árbol.

Aquella piedra es completamente lisa. No se pensó al cortarla, sino en la necesidad de cubrir la sepultura; es decir, que fuese bastante larga y bastante estrecha para encerrar un hombre.

No se lee en ella nombre alguno.

Solamente, hace ya de ello muchos años, una mano escribió allí, con lápiz, estos cuatro versos, que se han ido volviendo poco á poco ilegibles con la lluvia y el polvo, y probablemente están hoy ya borrados:

Descansa. Aunque la suerte se empeñaba en dejarle, Vivió. Y murió tan sólo, cuando perdió su ángel. Ello fué de manera tan propia y tan sencilla, Como viene la noche cuando se aleja el día.

FIN