Los miserables · Victor Hugo

Chapter 2

Capítulo 3 de 171 · 2 min de lectura

=La hondonada=

Allí el desinterés desaparece. El demonio se bosqueja vagamente; cada cual para sí. El yo sin ojos aúlla, busca, tantea y corroe. El Ugolino social se halla en ese abismo.

Las sombras esquivas que vagan por esa mina, medio brutos y medio fantasmas, no se ocupan en el progreso universal; ignoran la idea y la palabra; no se cuidan más que de la voracidad individual. Casi son inconscientes, y hay en su interior una especie de descomposición aterradora. Tienen dos madres, madrastra una y otra: la ignorancia y la miseria. Tienen un guía, la necesidad; y para todas las formas de la satisfacción, el apetito. Son brutalmente voraces, es decir, feroces; no á la manera del tirano, sino á la del tigre. Del sufrimiento pasan esas larvas al crimen; filiación fatal, engendro vertiginoso, lógica de la sombra. Lo que se arrastra en el foso social, no es ya la reclamación ahogada de lo absoluto; es la protesta de la materia. El hombre se convierte en dragón. Tener hambre y sed es el punto de partida; ser Satanás, el punto de llegada. De esa cueva sale Lacenaire.

Acabamos de ver ha poco, en el libro cuarto, uno de los compartimientos de la mina superior, de la gran cavidad política, revolucionaria y filosófica. Allí, como hemos dicho también, todo es noble, puro, digno y honrado. Allí ciertamente puede uno engañarse, y se engaña; pero el error es venerable, porque lleva en sí el heroísmo. El conjunto del trabajo que allí se realiza, tiene un nombre: el Progreso.

Ha llegado el momento de entrever otras profundidades: las profundidades repugnantes.

Existe bajo la sociedad, insistimos en ello, y existirá hasta el día en que sea destruida la ignorancia, la gran caverna del mal.

Esta cueva es la última de todas y la enemiga de todas. Es el odio sin excepciones. Esta cueva no conoce filósofo ninguno; su cuchillo jamás ha cortado una pluma. Su negro no tiene relación ninguna con el negro sublime de la tinta. Nunca los dedos de la noche, que se crispan bajo aquel techo asfixiante, han hojeado un libro ni desplegado un periódico. Babeuf es un explotador para Cartouche; Marat es un aristócrata para Schinderhannes. Esta cueva tiene por fin el hundimiento general.

General, inclusas las cavidades superiores, á las cuales execra. No mina solamente, en su horrible hormiguero, el orden social actual; mina también la filosofía, mina la ciencia, mina el derecho, mina el pensamiento humano, la civilización, la revolución y el progreso. Se llama simplemente robo, prostitución, homicidio y asesinato. Es tinieblas, y quiere el caos. Su bóveda estriba en la ignorancia.

Todas las demás minas, las de arriba, no tienen otro objeto: suprimir á ésta. Á eso tienden por todos sus órganos á la vez, así por el mejoramiento de lo real como por la contemplación de lo absoluto, la filosofía y el progreso. Destruid la cueva Ignorancia, y habréis destruido el topo Crimen.

Condensemos en pocas palabras una parte de lo que acabamos de escribir.

El único peligro social es la sombra.

Humanidad, es identidad. Todos los hombres son del mismo barro. No existe diferencia alguna, al menos aquí bajo, en la predestinación. La misma sombra antes, la misma carne ahora, el mismo polvo después. Pero la ignorancia, mezclada con la pasta humana, la ennegrece.

Esta miserable negrura penetra en el interior del hombre, y se convierte allí en el mal.