Cartas a Lucilio · Seneca
Carta 61: Sobre afrontar la muerte con alegría
Capítulo 61 de 124 · 1 min de lectura
1. Dejemos de desear aquello que hemos estado deseando. Al menos yo lo estoy haciendo: en mi vejez he dejado de desear lo que deseaba cuando era joven. A este único fin dedico mis días y mis noches; esta es mi tarea, este el objeto de mis pensamientos: poner fin a mis males crónicos. Procuro vivir cada día como si fuera una vida completa. No lo tomo, en verdad, como si fuera el último; sin embargo, lo considero como si pudiera serlo. 2. La presente carta te la escribo con esto en mente, como si la muerte estuviera a punto de llamarme en el mismo acto de escribir. Estoy listo para partir, y disfrutaré de la vida precisamente porque no me inquieta en exceso la fecha futura de mi partida.
Antes de hacerme viejo procuré vivir bien; ahora que soy viejo, procuraré morir bien; pero morir bien significa morir con alegría. Procura que nunca hagas nada de mala gana. 3. Aquello que ha de ser una necesidad si te rebelas, no es una necesidad si lo deseas. Esto es lo que quiero decir: quien obedece de buen grado, escapa a la parte más amarga de la esclavitud: hacer lo que uno no quiere hacer. El que hace algo por mandato no es desdichado; desdichado es quien hace algo contra su voluntad. Ordenemos, pues, nuestra mente de tal modo que deseemos todo lo que las circunstancias nos exijan, y sobre todo que reflexionemos sobre nuestro fin sin tristeza. 4. Debemos prepararnos para la muerte antes de prepararnos para la vida. La vida está suficientemente provista, pero somos demasiado codiciosos respecto a sus bienes; siempre nos parece que algo nos falta, y siempre nos parecerá. Haber vivido lo suficiente no depende de nuestros años ni de nuestros días, sino de nuestra mente. He vivido, mi querido amigo Lucilio, lo suficiente. Estoy satisfecho; espero la muerte. Adiós.



