Edipo Rey · Sophocles
ESCENA VII
Capítulo 15 de 42 · 6 min de lectura
EL CORO, EDIPO, ANTÍGONA
EL CORO
Es, sin duda, una crueldad despertar vuestros dolores adormecidos por el tiempo, extranjero, y no obstante, ardemos en deseos de interrogaros.
EDIPO
¿Sobre qué?
EL CORO
Sobre el deplorable e irremediable infortunio en que os halláis.
EDIPO
En nombre de la hospitalidad que recibo de vosotros, no hagáis abrirme mis heridas. Cuanto me ha sucedido es horrible.
EL CORO
Y no obstante, extranjero, ardemos en deseos de oir un relato largo y fiel de tales acontecimientos.
EDIPO
¡Ay!
EL CORO
Concedednos ese favor; os lo suplicamos.
EDIPO
¡Ay! ¡Ay!
EL CORO
Atended a nuestra súplica; nosotros hemos atendido a las vuestras.
EDIPO
Los crímenes que me mancillan, el cielo es testigo, han sido involuntarios; mi voluntad no ha tenido parte en ellos.
EL CORO
¿Cómo?
EDIPO
Tebas, sin saber el himeneo a que me sometía, me cargó, con sus lazos funestos, de una cadena de infortunios.
EL CORO
¿Fué, pues, con vuestra madre, como se dice, con quien contrajisteis ese himeneo execrable?
EDIPO
¡Ay de mí! La muerte, extranjeros, no es más terrible que estos relatos. Las dos hermanas que veis lo son mías.
EL CORO
¿Qué decís?
EDIPO
Son mis hijas; ambas nacidas de mi crimen.
EL CORO
¡Oh Zeus!
EDIPO
Fueron concebidas en el mismo seno que yo.
EL CORO
¿Son, pues, a la vez, hijas y hermanas de su padre?
EDIPO
¡Ay!
EL CORO
¡Mil veces ay!
EDIPO
Cuanto puede darse de más horrible...
EL CORO
¿Lo habéis sufrido?
EDIPO
Lo he sufrido para recordarlo siempre...
EL CORO
¿Lo habéis cometido?
EDIPO
No lo he cometido.
EL CORO
¿Cómo?
EDIPO
¡Infeliz de mí! Recibí de Tebas lo que nunca hubiera debido aceptar.
EL CORO
¡Desgraciado! ¿Asesinasteis...?
EDIPO
¡Ah! ¿Qué más decís? ¿Qué queréis que os diga?
EL CORO
¿A vuestro padre?
EDIPO
Basta; son nuevos golpes con que desgarráis mi herida.
EL CORO
¿Lo matasteis?
EDIPO
Lo maté... y no obstante no fué...
EL CORO
¿Qué vais a decir?
EDIPO
No fué injustamente.
EL CORO
¿Cómo?
EDIPO
Voy a explicarme; no creí luchar sino con extranjeros. La ignorancia en que estaba de mi crimen me purifica a los ojos de la ley.
EL CORO
Mas he aquí a nuestro rey; he aquí a Teseo, a quien vuestro nombre atrae junto a vos.
[Ilustración]
[Ilustración]
ACTO SEGUNDO
ESCENA PRIMERA
EL CORO, TESEO, EDIPO, ANTÍGONA
TESEO
He oído tantas veces, hasta hoy, hijo de Layo, relatar de qué modo horrible habéis perdido la vista, que os reconozco sin trabajo, y completan mi noción de eso los relatos que me han hecho en el camino. Vuestros vestidos, la miseria pintada en vuestro rostro, harto me dicen quién sois, desgraciado Edipo. Apiadado de vuestra suerte, quiero interrogaros. Decidme qué socorros esperáis de mí y de esta ciudad, para vos y para la infortunada que os conduce. Sería necesario que lo que pedís fuera muy difícil para que yo no pudiera concedéroslo. Me acuerdo demasiado de que, como vos, fuí en otro tiempo extranjero y desgraciado. He visto juntarse sobre mi cabeza cuantos males pueden asediar a un hombre en una tierra lejana de su patria. ¿Cómo podría yo negarme a socorrer a un extranjero tan infortunado como vos? ¿No sé que soy mortal y que no tengo más derecho que vos al día venidero?
EDIPO
Teseo, la generosidad de vuestra alma harto se muestra en vuestras breves palabras para que yo pueda ahorrarme el hablar largamente. Sabéis quién soy, quién fué mi padre, qué patria he dejado; sólo me resta deciros lo que deseo, y todo estará dicho.
TESEO
Explicadme lo que queréis; hacédmelo saber.
EDIPO
Vengo a traeros como presente este cuerpo miserable, cuyo aspecto no tiene nada que lo haga codiciable; pero las ventajas que os ha de proporcionar valen mucho más que los dones de la hermosura.
TESEO
¿Y qué ventaja pensáis proporcionarnos?
EDIPO
No es ahora cuando podéis saberlo; el tiempo os lo enseñará.
TESEO
Y ¿cuándo se manifestará la utilidad de vuestro presente?
EDIPO
Cuando haya muerto y vos me hayáis enterrado.
TESEO
Habláis del término de vuestra vida; ¿habéis olvidado el intervalo que os separa de él aún, o no le dais importancia?
EDIPO
Lo tengo muy presente en mi petición.
TESEO
Pero la gracia que me pedís es poca cosa.
EDIPO
¡Tened cuidado! Una gran lucha...
TESEO
¿Qué lucha? ¿Por parte de vuestros hijos o por mi parte?
EDIPO
Vendrán mis hijos a obligarme a volver junto a ellos.
TESEO
Si lo quisieran, haríais mal en huirles.
EDIPO
Pero cuando yo quería seguir a su lado no lo permitieron.
TESEO
¡Hombre imprudente! El resentimiento cuadra mal en el infortunio.
EDIPO
Cuando yo os haya enterado, dadme vuestros consejos; hasta entonces suspendedlos.
TESEO
Enteradme. No debo, en efecto, hablar sin previo examen.
EDIPO
Teseo, he sufrido desgracias sobre desgracias.
TESEO
¿Habláis de las antiguas calamidades de vuestra raza?
EDIPO
No, sin duda; todos los griegos han hablado harto de ellas.
TESEO
¿Qué habéis, pues, sufrido por encima de los infortunios ordinarios?
EDIPO
Vedlo. He sido desterrado de mi patria por mis propios hijos; y como matador de mi padre, me está vedado tornar a ella.
TESEO
¿Pero cómo os llamarían si quisieran vivir lejos de vos?
EDIPO
La voz de un oráculo les fuerza a ello.
TESEO
¿Qué temor les inspira ese oráculo?
EDIPO
Encontrar en esta tierra su aniquilamiento.
TESEO
¿Y cómo mi patria llegaría a ser para ellos motivo de amargura?
EDIPO
Caro y digno hijo de Egeo, sólo los dioses están exentos de la vejez y de la muerte: todo lo demás está bajo el poder invencible del tiempo. La fecundidad de la tierra acaba; el vigor del cuerpo desaparece; la amistad muere; la enemistad crece en su lugar. El mismo espíritu no une siempre a las ciudades ni a los amigos. Lo que les encantaba un tiempo después les disgusta, para volver luego nuevamente a gustarles. Si la paz reina ahora entre Tebas y vosotros, el tiempo en su curso dará origen a una larga serie de días y de noches en que, con fútiles pretextos, Tebas destruirá por el hierro la concordia, la armonía que os une hoy con ellos. Entonces, dormido en la tumba, mi cuerpo helado se hartará de la sangre hirviente de los tebanos, si Zeus es siempre el dios supremo y si el oráculo de Apolo no miente. Pero es enojoso revelar acontecimientos que están todavía en la obscuridad del porvenir. Dejadme, como había comenzado, pediros sólo que me guardéis vuestra fe; y si los dioses no me engañan, no diréis que al recibir a Edipo en esta tierra habéis recibido un habitante inútil.
EL CORO
Ved, señor, ved las ventajas importantes que nos ha predicho ya y que debe asegurar a esta comarca.
TESEO
¿Quién podría desterrar de su corazón la benevolencia que merece este infortunado, cuya casa se unió a la nuestra por los derechos de la hospitalidad, cuando viene en calidad de suplicante enviado por los dioses y nos trae a esta ciudad y a mí un tributo no despreciable? Quiero, pues, respetando la orden del cielo, no rechazar sus presentes y establecerle en esta comarca si desea permanecer aquí. Habitantes de Colona, os cuidaréis de lo que le atañe. Pero, Edipo, si preferís seguirme a Atenas, lo dejo a vuestra elección; mis cuidados os acompañarán allí.
EDIPO
¡Dígnate, oh Zeus, recompensar tanta bondad!
TESEO
En fin, ¿qué deseáis? ¿Venir a palacio?
EDIPO
Sí, si el destino me lo permitiese; pero es éste el lugar donde debo...
TESEO
¿Qué debéis? Me guardaré bien de oponerme.
EDIPO
Triunfar de los que me han expulsado.
TESEO
Sería un fruto harto precioso de vuestra morada en este país.
EDIPO
Pero hay que cumplir la promesa que me habéis hecho.
TESEO
Fiad en mi palabra, no os haré traición.
EDIPO
No quiero encadenaros con un juramento, como a un hombre vil.
TESEO
Un juramento no sería mejor prenda que mi palabra.
EDIPO
¿Qué haréis, en fin?
TESEO
¿Cuáles son los temores que más os agitan?
EDIPO
Vendrán.
TESEO
Estos ciudadanos velarán por vuestra seguridad.
EDIPO
Cuidad de no abandonarme.
TESEO
Ahorraos el trabajo de enseñarme lo que debo hacer.
EDIPO
La necesidad puede enseñar el temor.
TESEO
El temor no es conocido por mi corazón.
EDIPO
No sabéis qué amenazas...
TESEO
Sé que nadie os sacará de aquí a la fuerza. Se hacen amenazas, la cólera estalla en mil palabras insensatas; pero luego que la reflexión ha apaciguado el ánimo, todo ese gran aparato se evapora: eso sucederá a los hijos de Edipo. Sean cuales sean los fastuosos discursos con que se aperciban a confundiros para comprometeros a seguirles, creedme, el camino se les antojará sobrado largo y el mar por demás tempestuoso para aventurarse; y, sin consultar mis sentimientos para vos, os daría nuevas seguridades, puesto que Febo os envía; pero tengo motivos para pensar que, en mi ausencia, mi nombre será suficiente para poneros a cubierto de todo ataque.



