Edipo Rey · Sophocles
ESCENA II
Capítulo 2 de 42 · 4 min de lectura
LOS PRECEDENTES, EDIPO
EDIPO
¡Vos aquí! ¿Cómo habéis osado presentaros de nuevo? ¿Con qué cara osáis acercaros a este palacio, vos que me asesináis, que conspiráis abiertamente para arrebatarme el trono? Hablad; en nombre de los dioses, decidme si habéis descubierto en mi persona algún indicio de flaqueza o de demencia que os haya llevado a emprender esa conspiración. ¿Pensabais que yo no me percataría del artificio con que habéis envuelto vuestros propósitos y que al descubrirlo no me vengaría? ¿No es para vos la más loca de las empresas pretender, sin amigos y sin la aquiescencia del pueblo, usurpar un trono que sólo puede adquirirse con tesoros y con el apoyo de la multitud?
CREÓN
¿Sabéis ahora lo que habéis de hacer? A cuanto acabáis de decirme escuchad lo que he de responder, y cuando estéis enterado, juzgadme.
EDIPO
Vos sois muy hábil para discurrir, y yo muy inhábil para asesorarme por vos, en quien he descubierto un enemigo peligroso.
CREÓN
Prestad oído un momento a lo que voy a deciros.
EDIPO
No me digáis que no sois el más pérfido de los hombres.
CREÓN
Si pensáis que la obstinación es un bien, carecéis de prudencia y estáis en un error.
EDIPO
Si pensáis poder atacar a un pariente sin que ello os traiga perjuicio, no es más pequeño vuestro error.
CREÓN
Lo que decís es justo, lo confieso. Pero dignaos decirme qué injuria habéis sufrido de mi parte.
EDIPO
¿No me habíais persuadido de que era preciso enviar por ese famoso adivino?
CREÓN
Sin duda, y aún estoy en la misma creencia.
EDIPO
¿Cuánto tiempo hace que Layo...?
CREÓN
¿Qué queréis decir? No adivino...
EDIPO
¿Desapareció y murió a manos de un asesino?
CREÓN
Un largo espacio de tiempo ha transcurrido ya.
EDIPO
¿Y ese adivino era entonces lo que es en su arte?
CREÓN
Era tan hábil y estaba tan en boga como hoy.
EDIPO
¿Y entonces habló de mí?
CREÓN
No, nunca, al menos en mi presencia.
EDIPO
¿Y no hiciste ninguna indagación sobre la muerte de Layo?
CREÓN
La hicimos, sin duda; ¿cómo íbamos a descuidar eso? Pero no pudimos averiguar nada.
EDIPO
¿Y cómo tan hábil adivino no dijo entonces lo que hoy dice?
CREÓN
No sé; no me gusta hablar de lo que ignoro.
EDIPO
Pero lo que os atañe no lo ignoraréis al menos, y lo podréis decir.
CREÓN
¿Qué podré decir? Si lo sé, no me negaré a ello.
EDIPO
Que si Tiresias no se hubiera aliado con vos, no me hubiera achacado nunca la muerte de Layo.
CREÓN
Vos sabréis si os la achaca; en cuanto a mí, creo justo interrogaros a mi vez.
EDIPO
Interrogad; no temo verme convicto de asesinato.
CREÓN
¿Qué? ¿El himeneo no os unió con mi hermana?
EDIPO
No puedo negarlo.
CREÓN
¿No reináis aquí con ella? ¿No participáis de su imperio?
EDIPO
Y todo lo que quiere lo obtiene fácilmente de mí.
CREÓN
¿No soy tratado de igual a igual por vosotros dos?
EDIPO
Y en eso se ve la perfidia de un amigo como vos.
CREÓN
No, si me dais tiempo de explicarme, como yo os lo he dado. ¿Pensáis, por de pronto, que nadie preferiría nunca el poder supremo, con mezcla de temor, a ese mismo poder tranquilo y libre de inquietud? En cuanto a mí, lo que puede halagarme no es tanto tener el nombre de rey como tener el poder; y todo hombre prudente pensará como yo. Todo lo que puedo desear lo recibo de vos exento de alarmas. Si reinase yo, ¿a cuántas acciones no estaría obligado que contradirían mis deseos? ¿Cómo el goce del trono me sería más agradable que un poder tan sin límites, pero sin pena ni inquietud? No hay seducción que pueda hacerme preferir cosa alguna a un bien que reúne tantas ventajas. Hoy soy buscado por todo el mundo, todos me acarician y me halagan, a mí se dirigen los que os necesitan, por mí consiguen lo que piden. ¿Cómo podría yo, renunciando a tales dulzuras, ambicionar otras? Con un poco de prudencia, un espíritu razonable no llega a ser malo. Nunca mi corazón se inclinó a propósitos semejantes y nunca hubiera podido unirme con quien fuera capaz de ejecutarlos. Si queréis la prueba de lo que os digo, id a Delfos e informaos de si he interpretado fielmente la respuesta del oráculo. Si descubrís que he podido aliarme con el arúspice y conspirar contra vos en unión suya, pronunciad, si no basta una sola para perderme, dos sentencias y añadid mi voto al vuestro; pero no me acuséis arbitrariamente y por vagas sospechas, que no es justo confundir de un modo ligero a los malos con los buenos y a los buenos con los malos. Pensad que privarse de un amigo verdadero es (me atrevo a decirlo) privarse de la vida, a la que se tiene tanto apego. Pero el tiempo os hará conocer lo que debéis pensar. Sólo el tiempo muestra cuál es el hombre justo; un solo día basta para descubrir al malo.
EL CORO
Si queréis evitar, oh príncipe, caer en el error, las advertencias de Creón no pueden sino seros útiles. La demasiada prevención nos pone en peligro de engañarnos.
EDIPO
Cuando un enemigo se dispone a atacarme en secreto, es necesario que, a mi vez, yo me disponga a rechazar el ataque. Si permanezco tranquilo, si no me apresuro, su plan se ejecuta y mis propósitos son vanos.
CREÓN
En fin, ¿qué queréis? ¿Echarme de esta tierra?
EDIPO
Es demasiado poco; quiero vuestra muerte, y no vuestro destierro.
CREÓN
Cuando me hayáis mostrado qué motivo de malquerencia y de reproche podéis tener contra mí.
EDIPO
Me habláis como si no creyeseis en mis amenazas o quisierais desafiarlas.
CREÓN
No veo vuestro espíritu conducido por la razón.
EDIPO
Lo está para lo que me atañe.
CREÓN
Lo debe estar también para lo que me concierne.
EDIPO
¡Cómo! ¡Si sois un traidor!
CREÓN
Pero si os engañáis...
EDIPO
Quiero ser obedecido.
CREÓN
No lo seréis si reináis mal.
EDIPO
¡Tebas, Tebas!
CREÓN
No la llamaréis vos sólo: la llamaré yo también en mi socorro.
EL CORO
Príncipes, cesad. He ahí a Yocasta que sale del palacio; viene a punto para mediar en vuestra querella.



