Edipo Rey · Sophocles

ESCENA III

Capítulo 27 de 42 · 5 min de lectura

LOS PRECEDENTES, TESEO

TESEO

Hijas mías, cesen vuestros llantos. No cuadra verter lágrimas en una ocasión en que esta comarca os demuestra su espíritu benéfico; sería un ultraje.

ANTÍGONA (A Teseo.)

Hijo de Egeo, nos prosternamos ante vos.

TESEO

¿Qué queréis de mí, hijas mías?

ANTÍGONA

Ver con nuestros propios ojos la tumba de nuestro padre.

TESEO

Eso os está vedado.

ANTÍGONA

¿Qué decís, soberano de Atenas?

TESEO

Hijas mías, él mismo me ha prohibido dejar nunca a nadie acercarse a tal sitio y descubrir a mortal alguno el asilo sagrado donde reposa. Sólo permaneciendo fiel a sus órdenes, me ha dicho, puedo poner para siempre esta comarca al abrigo de toda desgracia. El genio que vela sobre nosotros y Zeus que lo oye todo han escuchado mis juramentos.

ANTÍGONA

Ya que tal fué su voluntad, me someto a ella. Enviadnos a Tebas, que podamos prevenir al menos el golpe mortal que dos hermanos intentan asestarse.

TESEO

Haré lo que me pedís y todo lo que pueda seros ventajoso y halagar al que acaba de descender a las entrañas de la tierra. No me cansaré de seros útil.

EL CORO

Suspended, pues, el curso de vuestros gemidos, gustad algún reposo. Cuanto el rey os ha prometido se realizará.

FIN DE EDIPO EN COLONA

ANTÍGONA

PERSONAJES

ISMENA } ANTÍGONA } hijas de Edipo. CREÓN, rey de Tebas. EURÍDICE, esposa de Creón. HEMÓN, hijo de Creón. TIRESIAS, adivino. UN MENSAJERO. UN GUARDA. UN ESCLAVO. CORO, compuesto de ancianos de Tebas.

[Ilustración]

ACTO PRIMERO

ESCENA PRIMERA

ANTÍGONA, ISMENA

ANTÍGONA

Cara Ismena, cara hermana, conocidos os son el número y la extensión de los males que nos ha legado Edipo, y hasta qué punto Zeus, durante nuestra vida, ha querido abatirnos. Parecía, hasta ahora, que no los hubiera tan sensibles, tan crueles, tan afrentosos, que vos y yo no los hubiésemos sufrido; y ahora ¿sabéis qué edicto se dice que el Rey acaba de hacer publicar por toda Tebas? ¿Lo habéis oído, o ignoráis acaso todavía las indignidades que nuestros enemigos preparan contra los que nos son amados?

ISMENA

¡Oh cara Antígona! Nada agradable o ingrato acerca del destino de nuestros amigos ha llegado a mis oídos desde que en un solo día nos vimos privadas de nuestros dos hermanos, muertos a la vez de las heridas que se habían causado, y nada nuevo he sabido, feliz o siniestro desde el instante en que el ejército de los argivos desapareció en la obscuridad de la noche última.

ANTÍGONA

Lo sabía; y por eso, deseando tener, secretamente, una conversación con vos, os he hecho salir de palacio.

ISMENA

¿Qué vais a hacerme saber? Parecéis agitada por algún gran designio.

ANTÍGONA

¡Qué! ¿Creón no ha concedido a uno de nuestros dos hermanos y negado al otro los honores fúnebres? Ha hecho, fiel a las leyes y a la justicia (según los tebanos publican), enterrar a Eteocles con todos los honores caros a los manes; mientras que ha publicado, dicen, la orden de no amortajar, de no llorar al desgraciado Polinicio, y de abandonarle, sin honores y sin sepulcro, a los áridos pájaros prestos a devorar su presa. Ved lo que el generoso Creón, me dicen, debe declararos, y también a mí, sí, a mí. Va a venir aquí a confirmar su edicto ante los que lo ignoran, y no es una prohibición indiferente, pues a quien se atreva a violarla se le condenará a morir lapidado en medio de la ciudad. Ved lo que preparan contra vos. Pronto demostraréis si sois digna o no de vuestra sangre gloriosa.

ISMENA

¡Ay, infortunada! Ante tal prohibición, ¿qué debo preferir? ¿Acatarla o infringirla?

ANTÍGONA

¿Queréis trabajar y obrar conmigo?

ISMENA

¿A qué peligro queréis lanzaros y qué meditáis?

ANTÍGONA

¿Me prestaréis vuestra mano para enterrar ese cuerpo?

ISMENA

¿Pretendéis enterrar a aquel para quien toda piedad está vedada?

ANTÍGONA

Quiero enterrar a mi hermano y al vuestro; sí, al vuestro. ¿Titubearíais en reconocerlo como tal? No se me reprochará el haberle abandonado.

ISMENA

¡Cómo, desgraciada Antígona! ¿A pesar de la prohibición de Creón?

ANTÍGONA

¿Tiene derecho a separarme de los míos?

ISMENA

Pensad, hermana mía, que nuestro padre, cargado de oprobios y de odio, murió luego de haberse arrancado los ojos con sus propias manos, para castigarse él mismo por sus crímenes en cuanto los hubo reconocido; que, al pronto, aquella reina que, por una doble calamidad, se halló a la vez esposa y madre, recurrió al auxilio de un lazo funesto para librarse de la vida; que, en fin, dos hermanos infortunados se han asesinado el uno al otro y han expirado de la misma muerte. Ahora, solas ya en nuestra casa, ved el fin deplorable que nos espera, si, rebelándonos contra la ley, nos atrevemos a desafiar las órdenes y el poder del soberano. Considerad que no es dado a las mujeres el combatir contra los hombres; que los que mandan son más fuertes que nosotras y que hay que someterse a su voluntad, aunque fuese aun más rigurosa. Por lo que a mí toca, suplicando a los nuestros que me perdonen, si cedo a la violencia, será obedeciendo a los que poseen el poder; pues es insensato emprender más de lo que se puede ejecutar.

ANTÍGONA

No os importunaré más; y aunque queráis ahora uniros conmigo, no lo consentiré; tomad el partido que os cuadre. Por lo que a mí toca, enterraré a mi hermano; y tal deber cumplido, moriré gustosa; será volver a unirse con su amigo una amiga. Habré hecho una acción justa y piadosa, ya que el tiempo que habré de agradarle es más largo que el que debo agradar a los vivos; pues voy a unirme a él para la eternidad. En cuanto a vos, si os place, despreciad lo que los dioses honran.

ISMENA

Estoy lejos de tal desprecio; pero no me es dable luchar contra la voluntad de los ciudadanos.

ANTÍGONA

Valeos de ese pretexto, mientras yo voy a enterrar a ese hermano querido.

ISMENA

¡Desgraciada hermana, me hacéis temblar!

ANTÍGONA

No temáis por mí; cuidaos de vos.

ISMENA

Pero, al menos, no descubráis vuestro designio a nadie.

ANTÍGONA

No, no, corred a denunciarlo. Más me ofenderéis callándolo que publicándolo.

ISMENA

Es animarse en demasía por un cuerpo inanimado.

ANTÍGONA

Pero sé que soy grata a quienes me importa agradar.

ISMENA

Sí, si lográis vuestro objeto; pero intentáis un imposible.

ANTÍGONA

Bien; me detendré donde se detengan mis fuerzas.

ISMENA

Deberíais comenzar por no perseguir lo que no podéis alcanzar.

ANTÍGONA

Cuanto más habléis de esa guisa más excitaréis mi odio, y os atraeréis la justa enemistad de un hermano; dejadme con mis propósitos sufrir la suerte que me espera; nada habrá nunca tan ingrato que me impida morir con gloria.

ISMENA

Id, ya que lo queréis; es locura, pero nuestros queridos muertos agradecerán vuestro amor.