Edipo Rey · Sophocles
ESCENA II
Capítulo 4 de 42 · 1 min de lectura
UN MENSAJERO, YOCASTA, EL CORO
UN MENSAJERO (Al Coro.)
¿Podríais decirme, oh tebanos, dónde está el palacio de Edipo y, sobre todo, si lo sabéis, en dónde puede estar el rey?
EL CORO
Extranjero, he ahí su palacio; Edipo está en su casa; esta princesa es la madre de los hijos del rey.
EL MENSAJERO
¡El cielo la haga dichosa! ¡Que la ilustre esposa de tal príncipe no vea en torno suyo sino corazones felices!
YOCASTA
Extranjero, sed feliz también; merecéis serlo en premio de vuestros favorables deseos; pero decidnos qué asunto os trae y qué tenéis que hacernos saber.
EL MENSAJERO
Un acontecimiento favorable para vuestra casa y para vuestro esposo.
YOCASTA
¿Qué acontecimiento? ¿De dónde venís?
EL MENSAJERO
Vengo de Corinto; la noticia de que voy a daros parte no puede menos de alegraros... y de afligiros a la vez.
YOCASTA
¿Qué noticia es esa y cómo podrá producir efectos tan contrarios?
EL MENSAJERO
Los habitantes del istmo van a nombrar a Edipo rey de la comarca. Así se dice.
YOCASTA
¡Cómo! ¿El viejo Polibio no es ya el soberano?
EL MENSAJERO
No lo es ya, pues la muerte le encerró en la tumba.
YOCASTA (A una de sus mujeres.)
Esclava, corred a anunciar al rey lo que acabáis de oir. (Aparte.) ¡Predicciones de los dioses, en lo que habéis quedado! Edipo huyó hace tiempo la presencia de Polibio para evitar darle la muerte, y he aquí que, previniendo ese golpe fatal, Polibio sucumbe sin morir a sus manos.



