Edipo Rey · Sophocles

ESCENA III

Capítulo 40 de 42 · 1 min de lectura

EL MENSAJERO, EL CORO

EL CORO

¡Cielos! ¿Qué debemos pensar? La reina ha desaparecido sin que palabra alguna salga de su boca.

EL MENSAJERO

Mi asombro es igual al vuestro. Me inclino a creer que habiendo oído la desgracia de su hijo, temerá dejar estallar sus lamentos a los ojos de los tebanos, y que habrá ido con su dolor al palacio, para poder abandonarse a él en medio de sus mujeres. Conoce demasiado la prudencia para hacer nada que...

EL CORO

No sabemos; un excesivo silencio se nos antoja temible. Los gritos inmoderados no tienen enojosos efectos.

EL MENSAJERO

Pronto veremos, entrando en el palacio, si su corazón medita en secreto algo funesto. Un silencio sobrado profundo debe alarmar.

ESCENA IV

EL CORO

Ved al rey, que avanza llevando en sus manos, si tal puede decirse, un monumento, no de las faltas ajenas, sino de las suyas propias.