Edipo Rey · Sophocles
ESCENA VI
Capítulo 42 de 42 · 2 min de lectura
LOS PRECEDENTES, UN ESCLAVO
EL ESCLAVO
¡Amo mío, además de las desgracias que habéis sufrido, que tenéis ante los ojos, que lleváis con vos, os queda todavía algo muy doloroso que encontrar en vuestra casa!
CREÓN
¿Qué males pueden añadirse al horror de los que sufro?
EL ESCLAVO
La madre del hijo que lloráis, la reina, ha muerto; madre infortunada, expira herida por un golpe mortal.
CREÓN
Insaciable abismo de Hades, ¿por qué quieres consumar mi pérdida? Y tú, que vienes a traerme tan funestas nuevas, ¿qué has dicho?
EL CORO
¡Desgraciado! Vienes a hacer morir de nuevo a un muerto.
CREÓN
¿Qué dices? ¿Qué acontecimientos vienes a noticiarme? ¡La muerte de mi mujer después de la de mi hijo!
EL ESCLAVO
Podéis juzgar por vuestros ojos. La reina no había aún llegado al interior del palacio.
CREÓN
¡He ahí un nuevo objeto de dolor! ¿A qué destino, oh dioses, estoy llamado aún? ¡Desgraciado! Tengo en mis brazos a mi hijo, que acaba de expirar; tengo ante mis ojos el cuerpo ensangrentado de mi esposa. ¡Madre infortunada, hijo mío!
EL ESCLAVO
Ha comenzado por deplorar la muerte ilustre y prematura de su primer hijo y el destino de Hemón; luego ha prorrumpido en imprecaciones contra vos, a quien consideraba como el asesino de su hijo, e hiriéndose con un hierro agudo, ha caído a los pies del altar, cerrando los ojos a la luz.
CREÓN
¡Cielos! ¡Oh dioses! ¡Mi alma está confundida de horror! ¡Y que no me hundan una espada en el seno! ¡Infortunado, he caído en un abismo de calamidades!
EL ESCLAVO
Os miraba al morir como único autor de tantos males.
CREÓN
¿Pero de qué manera ha acabado sus días?
EL ESCLAVO
Hiriéndose a sí misma en cuanto ha sabido el deplorable destino de su hijo.
CREÓN
Sólo yo entre los mortales, sólo yo la causa de tantas desgracias. ¡Infortunado, yo te he dado la muerte! Esclavos, apartadme de estos lugares, llevadme cuanto antes como si no viviera ya, como si no fuera ya nada.
EL CORO
Lo que pedís es una ventaja para vos, si la hay en los males. Para abreviar los que se tienen a la vista, el mejor partido es huir de ellos.
CREÓN
Que aparezca, que venga, pues, el momento deseado que ha de rematar mi existencia; que venga, que no vea yo más la luz del día.
EL ESCLAVO
Tales votos son para el porvenir; mas para el presente, ¿qué hay que hacer? A los que atañe ese cuidado les toca ocuparse de él.
CREÓN
Sólo pido la muerte, no deseo otra cosa.
EL ESCLAVO
Cesad de desear; no es dado a los mortales evitar el infortunio que les reserva el destino.
CREÓN
¡Llevadme, llevaos a este insensato que, a su pesar, te ha hecho perecer, hijo mío, lo mismo que a vos, cara esposa! ¡Infortunado! No sé ya dónde dirigir mis ojos y mis pasos: todo ha huído de mis manos; y una desgracia superior a mis fuerzas se ha desplomado sobre mi cabeza.
ESCENA VII
EL CORO
¡Cuán preferible es la prudencia a la fortuna! Hay que guardarse de ofender a los dioses. La escandalosa vanidad de los hombres presuntuosos les atrae con frecuencia crueles suplicios que les enseñan demasiado tarde a conocer la prudencia.
FIN DE ANTÍGONA
ÍNDICE
EDIPO REY Págs.
Acto I. 7
Acto II. 17
Acto III. 31
Acto IV. 51
Acto V. 71
EDIPO EN COLONA
Acto I. 87
Acto II. 117
Acto III. 127
Acto IV. 145
Acto V. 165
ANTÍGONA
Acto I. 179
Acto II. 195
Acto III. 211
Acto IV. 225
Acto V. 233



