Antología de la literatura alemana · Calvin Thomas
Capítulo 1
Capítulo 26 de 52 · 4 min de lectura
Del ‘Libro de la poesía alemana’.
Aunque me he propuesto escribir algo sobre la poesía alemana, a solicitud de personas distinguidas y para un mejor desarrollo de nuestra lengua, de ninguna manera pienso que uno pueda hacer de alguien un poeta mediante reglas y leyes fijas...
Forzar las palabras y sílabas en ciertas reglas y escribir versos es lo menos importante que debe buscarse en un poeta. Debe ser εὐφαντασιωτός, de ingeniosas ocurrencias e invenciones, debe tener un ánimo grande e intrépido, debe ser capaz de concebir cosas elevadas, si es que su discurso ha de adquirir cierta nobleza y elevarse por encima de lo terrenal. Además, dañan no poco al buen nombre de los poetas aquellos que, con su insistente demanda, exigen versos para todo lo que hacen y emprenden. No se hace libro, boda ni funeral sin nosotros; y, como si nadie pudiera morir solo, nuestros poemas descienden junto con ellos a la tumba. Nos quieren en todos los platos y jarras, estamos en muros y piedras, y si alguien ha conseguido una casa, no sé cómo, debemos dignificarla con nuestros versos. Uno desea una canción para la esposa de otro, aquel ha sido engañado por la criada del vecino, a otro la supuesta amada le ha sonreído una vez amablemente, o, como suele suceder, más bien se ha burlado de él; en fin, no hay fin para tales peticiones insensatas. Así debemos, o bien esperar su enemistad por rechazarles, o bien, al complacerles, causar un notable daño a la dignidad de la poesía. Porque un poeta no puede escribir cuando quiere, sino cuando puede, y cuando lo impulsa el movimiento del espíritu, que Ovidio y otros creen que viene del cielo...
Y debo recordar aquí, sin temor, que considero un trabajo perdido si alguien quiere dedicarse a nuestra poesía alemana y, además de ser poeta por naturaleza, no está bien versado en los libros griegos y latinos, y no ha aprendido de ellos el arte correcto; pues todas las enseñanzas que de otro modo se requieren para la poesía, y que ahora mencionaré brevemente, no le servirán de nada...
Asimismo, cada verso es o yámbico o trocaico; no porque, como los griegos y latinos, podamos atender a la cantidad de las sílabas, sino porque, por los acentos y el tono, reconocemos qué sílaba debe ser alta y cuál baja. Un yambo es este: “Conserva, Señor, tu palabra”; el siguiente es un troqueo: “En medio de la vida estamos”. Pues en el primer verso la primera sílaba es baja, la segunda alta, la tercera baja, la cuarta alta, y así sucesivamente; en el segundo verso la primera sílaba es alta, la segunda baja, la tercera alta, etc. Aunque, que yo sepa, nadie, ni yo mismo antes, ha observado esto con exactitud, parece tan necesario como lo es para los latinos ajustar y regular sus versos según la cantidad de las sílabas.
[Notas: 1: Fortpflantzung = Mejora. 2: Εὐφαντασιωτός, ‘muy imaginativo’; véase Quintiliano vi. 2, 30. 3: Anders, ‘de cualquier modo’. 4: Steinen = umbrales.]
+2+
+Oda.+
Casi siento un temor, Platón, de haberme sentado tanto tiempo sobre ti; ya es hora de mirar hacia afuera y pasear junto a las frescas fuentes en el verde, donde crecen las hermosas flores y los pescadores tienden sus redes.
¿Para qué sirve el estudio, sino para pura incomodidad? Mientras tanto corre el arroyo de nuestra vida, que llevamos, antes de que nos demos cuenta, hacia su fin último; pues todo esto termina sin espíritu ni sentido en la tierra.
Hola, joven, ve y pregunta dónde se encuentra la mejor bebida; toma la jarra y llénala de vino. Todo pesar, dolor y lamento, como los que los hombres sufrimos a diario, antes de que Cloto nos arrebate, quiero enterrarlos en el dulce jugo que da la vid.
Compra también melones, y no olvides el azúcar; asegúrate de que no falte nada. Que otro cuide de su dinero, el que junto a su oro y tesoros suele atormentarse y no se acuesta satisfecho; yo, mientras pueda, quiero disfrutar.
Invita también a mis buenos hermanos a la música y a una copa; nada me parece más apropiado ni mejor que buena bebida y buenas canciones. Aunque no deje mucha herencia, ¡eh!, tengo vino noble; quiero alegrarme con otros, aunque deba morir solo.
[Notas: 5: De la Poeterey, cap. 5, donde se ofrece para ilustrar la poesía lírica. Es una versión libre de Ronsard, II, 18. 6: Melones; la idea es: No mires el gasto. El melón (cucumis melo) venía de Italia y el sur de Francia, y (¡con azúcar!) era un lujo. 7: Auff, con bitten, en el sentido de ‘invitar a’.]
+3+
+Chansonnette.+
Estar poseído por el ardor amoroso es realmente un gran dolor; no hay sufrimiento en esta tierra que se le compare: por eso quiero apartarme siempre con diligencia de ese tormento y evitar el dulce veneno. Para que la vil pasión no me lleve a buscar su favor, Venus no deberá hallarme en ningún camino de amor; el sendero de la virtud es un hermoso camino, por el que quiero andar y vivirle enteramente entregado. Justamente también Palas permaneció siempre libre del amor, nunca dio espacio al fuego y se mantuvo siempre contenida; en el verde prado se divertía cazando y gozaba libre de toda preocupación. Yo quiero en adelante seguir diligentemente la costumbre de esta diosa, pues Venus es la mayor carga, Cupido es un huésped dañino. A quien él hace caer una sola vez, debe perecer, muchas veces incluso morir, y heredar dolor en vez de gozo. Así recompensa a todos los que se someten a su yugo; y esto lo pienso a menudo, que ame quien quiera, yo permaneceré solo. A menudo tras las bromas viene el dolor, dichoso quien lo toma en serio.
+4+
+Soneto a las abejas.+
Pequeñas aves de miel, que de las violetas y rosas han extraído el dulcísimo jugo, que han tomado del trébol verde su fuerza, que tantas veces y mucho han robado al hermoso campo, habitantes del campo, ¿qué buscáis ahora con aquello que hasta ahora poco os ha servido, ya que, por servir al hombre, debéis pagarle casi siempre la miel? Venid, venid a mi amada, a su boca de rosa, que ha herido profundamente mi enfermo corazón; allí podréis encontrar manjar celestial y en abundancia. Pero si alguien os hiciera daño, debéis ser para él, en vez de miel, amargura, y picarlo hasta la muerte.



