Antología de la literatura alemana · Calvin Thomas

Capítulo 1

Capítulo 9 de 52 · 2 min de lectura

De un sermón de Berthold von Regensburg ‘Sobre los ángeles’.

Hoy celebramos la fiesta de los grandes príncipes, los santos ángeles, que son para el mundo entero un prodigio extraordinario, y en quienes el Dios todopoderoso ha obrado muchos y grandes milagros. Y si un hombre no quisiera ir al cielo por otra razón, bien podría desearlo solo para ver qué maravillas y prodigios hay allí. Y nadie puede agotar el asombro por lo que Dios ha manifestado en los santos ángeles. Ellos son los mensajeros de nuestro Señor, pues ángel significa en griego un mensajero. Nuestro Señor tenía gran gozo, ya desde antes de todo principio, así como será por siempre sin fin. Hablo de la divinidad, de la corona; antes de que creara nada, como somos ahora, ya tenía en sí mismo y consigo mismo un gozo inmenso. Entonces pensó en crear, quiso hacer dos criaturas, dos tipos de criaturas, para que participaran de su alegría, sin que por ello él mismo tuviera menos gozo. Y por mucho gozo que les diera, él mismo no tenía menos, tal como el resplandor del sol. Por mucha luz que el sol nos dé cada día, no se disminuye en nada. Así creó Dios dos criaturas: el hombre y el ángel. Entonces Dios hizo una cosa, y esa fue la mejor de todas las cosas que Dios haya hecho jamás. Y nunca hizo una cosa tan buena entre todas las cosas que ha creado, [como esta que hizo,] para que el hombre y el ángel participaran de su alegría, pues era tan útil y tan buena. Y así lo dispuso Dios, para que hombres y ángeles tuvieran de ella cada vez más gozo. Y aunque esa cosa era extraordinariamente útil, y aunque en ella reside tanta honra y bienaventuranza, hubo algunos ángeles en el cielo que no quisieron conservarla, y estos fueron expulsados de los gozos eternos y arrojados al tormento eterno. Y todos los que conservaron esa cosa, permanecieron con el Dios todopoderoso en los gozos eternos, porque conservaron esa cosa, que es tan buena, la mejor de todas las cosas....

Y así se celebra hoy la fiesta de los ángeles que permanecieron con Dios y resistieron, de modo que no cayeron. Y así se celebra hoy la fiesta de San Miguel y de los santos ángeles. Y el hecho de que la fiesta de los santos ángeles no se celebre muchas veces al año, nuestro Señor lo dispuso con gran sabiduría y acierto; aunque sería justo celebrarla tres veces al año, nuestro Señor lo dispuso muy sabiamente, y es mejor que no se celebre con frecuencia. ¿Por qué? Vean, por esta razón. Si se celebrara su fiesta con cantos y lecturas, habría que predicar también sobre ellos. Y si tuviéramos que predicar a menudo sobre los ángeles, tal vez algún impío llegaría a ser tan temerario que podría predicar herejía sobre los santos ángeles. Porque nuestro Señor ha obrado tantos prodigios en los ángeles, que no los conocemos todos con certeza. Ha hecho algunos milagros en los ángeles de los cuales no sabemos con exactitud, sino solo por conjetura. Y quien conjetura algo, no lo sabe con certeza. Así también nuestro Señor ha hecho algunas cosas en ellos que sí conocemos. Por eso, quien quisiera predicar sobre lo que solo suponemos, podría quizá predicar herejía. Así que nadie debe predicar sino aquello que se sabe con certeza.

[Notas: 1: Edición de Pfeiffer de Berthold von Regensburg, Viena, 1862, vol. ii, página 174. 2: La ‘cosa’, como se explica más adelante, es la virtud.]