Antigüedades judías · Flavius Josephus
Capítulo 12 — Sobre un falso Alejandro.
Capítulo 177 de 196 · 4 min de lectura
1. Cuando estos asuntos fueron así resueltos por César, un joven, judío de nacimiento pero criado por un liberto romano en la ciudad de Sidón, se introdujo en el parentesco de Herodes por el parecido de su rostro, que quienes lo veían aseguraban que era el de Alejandro, hijo de Herodes, a quien éste había matado; y esto lo impulsó a intentar obtener el gobierno. Así que tomó como asistente a un hombre de su propio país, alguien bien familiarizado con los asuntos del palacio, pero que, por otras razones, era un hombre malvado y cuya naturaleza lo hacía capaz de causar grandes disturbios públicos, y que se convirtió en maestro de tal engaño para el otro. Se declaró a sí mismo como Alejandro, hijo de Herodes, pero que había sido salvado por uno de los enviados a matarlo, quien en realidad mató a otros hombres para engañar a los testigos, pero salvó tanto a él como a su hermano Aristóbulo. Así, este hombre se envaneció y logró engañar a quienes acudían a él; y cuando llegó a Creta, hizo creer a todos los judíos que conversaban con él que era Alejandro. Y cuando hubo reunido mucho dinero que le fue entregado allí, pasó a Melos, donde obtuvo aún más dinero que antes, por la creencia de que era de la familia real y la esperanza de que recuperaría el principado de su padre y recompensaría a sus benefactores; así que se apresuró a ir a Roma, y fue conducido allí por los extranjeros que lo hospedaron. También tuvo la fortuna de, al desembarcar en Dicearquia, engañar de igual manera a los judíos que allí se encontraban; y no solo otras personas, sino también todos aquellos que habían sido cercanos a Herodes o le tenían afecto, se unieron a este hombre como a su rey. La causa de esto fue que la gente se alegraba de sus pretensiones, las cuales eran reforzadas por el parecido de su rostro, lo que hacía que quienes habían conocido a Alejandro creyeran firmemente que no era otro sino el mismo, lo cual también confirmaban a otros bajo juramento; de modo que, cuando corrió el rumor de que venía a Roma, toda la multitud de judíos que allí estaban salió a recibirlo, atribuyendo a la Providencia Divina que hubiera escapado tan inesperadamente, y alegrándose mucho por la familia de su madre. Y cuando llegó, fue llevado en una litera real por las calles; y todos los ornamentos que lo rodeaban eran propios de los reyes; y esto fue a expensas de quienes lo hospedaban. La multitud también se agolpaba a su alrededor y le prodigaba grandes aclamaciones, y no se omitió nada que pudiera considerarse adecuado para alguien que había sido preservado de manera tan inesperada.
2. Cuando esto fue contado a César, él no lo creyó, porque Herodes no era fácilmente engañado en asuntos de gran importancia para él; sin embargo, sospechando que podría ser cierto, envió a Celado, uno de sus libertos, que había tratado con los jóvenes en persona, y le ordenó que llevara a Alejandro ante su presencia; así que lo llevó, sin ser más preciso en juzgarlo que el resto de la multitud. Sin embargo, no logró engañar a César; porque aunque había un parecido entre él y Alejandro, no era tan exacto como para engañar a quienes eran prudentes en discernir; pues este falso Alejandro tenía las manos ásperas, por los trabajos a los que había sido sometido, y en vez de la suavidad de cuerpo que tenía el otro, debida a su delicada y noble educación, este hombre, por la razón contraria, tenía un cuerpo tosco. Cuando, por lo tanto, César vio cómo el maestro y el discípulo coincidían en esta historia falsa y en su manera audaz de hablar, preguntó por Aristóbulo, y preguntó qué había sido de él, que aparentemente había sido también salvado junto con él, y por qué razón no había venido con él y procurado recuperar el dominio que también le correspondía por su noble nacimiento. Y cuando dijo que lo había dejado en la isla de Creta, por temor a los peligros del mar, para que, en caso de que le sucediera algún accidente, la descendencia de Mariamne no pereciera por completo, sino que Aristóbulo sobreviviera y castigara a quienes tramaron tales engaños contra ellos; y cuando persistió en sus afirmaciones, y el autor del engaño coincidía en sostenerlo, César llevó al joven aparte y le dijo: "Si no intentas engañarme, tendrás como recompensa que salvarás la vida; dime entonces quién eres y quién tuvo el atrevimiento de idear tal engaño. Porque esta trama es una villanía demasiado grande para que la emprenda alguien de tu edad". Así pues, al no tener otra salida, le contó a César el engaño y de qué manera y por quién fue planeado. Así que César, al observar que el falso Alejandro era un hombre fuerte y apto para trabajar con sus manos, para no faltar a su promesa, lo puso entre los que remaban entre los marineros, pero mató a quien lo indujo a hacer lo que había hecho; pues en cuanto a la gente de Melos, consideró que ya estaban suficientemente castigados por haber desperdiciado tanto dinero en este falso Alejandro. Y así concluyó ignominiosamente esta audaz trama sobre el falso Alejandro.



