Antigüedades judías · Flavius Josephus

Libro IV. Que abarca el intervalo de treinta y ocho años.—Desde el

Capítulo 59 de 196 · 8 min de lectura

Rechazo de esa generación hasta la muerte de Moisés.

CAPÍTULO 1. Combate de los hebreos con los cananeos sin el consentimiento de Moisés; y su derrota.

1. Ahora bien, esta vida de los hebreos en el desierto les resultaba tan desagradable y penosa, y estaban tan inquietos por ello, que aunque Dios les había prohibido involucrarse con los cananeos, no pudieron ser persuadidos de obedecer las palabras de Moisés y mantenerse tranquilos; sino que, suponiendo que serían capaces de vencer a sus enemigos sin su aprobación, lo acusaron y sospecharon que se empeñaba en mantenerlos en una condición afligida, para que siempre dependieran de su ayuda. En consecuencia, resolvieron luchar contra los cananeos y dijeron que Dios les brindaba su ayuda, no por consideración a las intercesiones de Moisés, sino porque cuidaba de toda su nación, por causa de sus antepasados, cuyos asuntos él mismo había dirigido; así como que fue por su propia virtud que anteriormente les había conseguido la libertad y que ahora los ayudaría, ya que estaban dispuestos a esforzarse por ello. También decían que poseían habilidades suficientes para conquistar a sus enemigos, aunque Moisés quisiera alejar a Dios de ellos; que, sin embargo, les convenía ser sus propios dueños y no alegrarse tanto de su liberación de las indignidades sufridas bajo los egipcios como para soportar la tiranía de Moisés sobre ellos y dejarse engañar, viviendo según su voluntad, como si Dios solo predijera lo que les concierne por su bondad hacia él, como si no fueran todos descendientes de Abraham; que Dios lo había hecho a él solo el autor de todo el conocimiento que tenían y que aún debían aprenderlo de él; que sería prudente oponerse a sus arrogantes pretensiones y poner su confianza en Dios, resolviendo tomar posesión de la tierra que les había prometido y no escuchar a quien, por este motivo y bajo el pretexto de autoridad divina, les prohibía hacerlo. Considerando, pues, el estado de aflicción en que se encontraban y que en esos lugares desérticos aún podían esperar que las cosas empeoraran, resolvieron luchar contra los cananeos, sometiéndose solo a Dios, su supremo comandante, y sin esperar ayuda alguna de su legislador.

2. Cuando, por tanto, tomaron esta resolución, considerándola la mejor para ellos, marcharon contra sus enemigos; pero estos no se intimidaron ni por el ataque en sí ni por la gran multitud que lo realizaba, y los recibieron con gran valentía. Muchos hebreos fueron muertos; y el resto del ejército, al desordenarse sus tropas, fue perseguido y huyó de manera vergonzosa hacia su campamento. Ante esta inesperada desgracia, quedaron completamente desalentados y no esperaban nada bueno, deduciendo de ello que esa aflicción provenía de la ira de Dios, porque imprudentemente salieron a la guerra sin su aprobación.

3. Pero cuando Moisés vio cuán profundamente les afectó esta derrota, y temiendo que los enemigos se volvieran insolentes por esta victoria y desearan obtener aún mayor gloria y los atacaran, decidió que era conveniente retirar al ejército al desierto, alejándolo más de los cananeos; así que la multitud volvió a someterse a su dirección, pues comprendieron que, sin su cuidado, sus asuntos no podrían estar en buen estado; y él hizo que el campamento se trasladara y se internó más en el desierto, con la intención de permitirles descansar allí y no permitir que lucharan contra los cananeos antes de que Dios les brindara una oportunidad más favorable.

CAPÍTULO 2. La sedición de Coré y de la multitud contra Moisés y contra su hermano, respecto al sacerdocio.

1. Lo que suele suceder en los grandes ejércitos, y especialmente tras un fracaso, que es difícil complacerlos y gobernarlos, le ocurrió ahora a los judíos; pues siendo seiscientos mil en número, y debido a su gran multitud, no se sometían fácilmente a sus gobernantes, ni siquiera en tiempos prósperos, y en esta ocasión estaban más airados que de costumbre, tanto entre ellos como contra su líder, a causa de la angustia en que se hallaban y las calamidades que padecían. Tal sedición los alcanzó, que no tenemos ejemplo semejante ni entre los griegos ni entre los bárbaros, por la cual estuvieron en peligro de ser destruidos todos, aunque fueron salvados por Moisés, quien no tuvo en cuenta que casi había sido apedreado por ellos. Tampoco Dios dejó de evitar su ruina; sino que, a pesar de las indignidades que habían infligido a su legislador y a las leyes, y de la desobediencia a los mandamientos que les había enviado por medio de Moisés, los libró de aquellas terribles calamidades que, sin su providencial cuidado, les habría acarreado esta sedición. Así que primero explicaré la causa de la que surgió esta sedición, y luego relataré la sedición en sí; así como los arreglos que se hicieron para su gobierno después de que terminó.

2. Coré, un hebreo de gran importancia tanto por su familia como por su riqueza, además de ser elocuente y capaz de persuadir fácilmente al pueblo con sus discursos, vio que Moisés gozaba de una dignidad extraordinaria y lo envidiaba por ello, [siendo del mismo linaje que Moisés y pariente suyo], y estaba especialmente afligido porque creía merecer más ese honorable cargo por su gran riqueza y no ser inferior a él por nacimiento. Así que levantó un clamor contra él entre los levitas, que eran de la misma tribu, y entre sus parientes, diciendo: "Que era muy lamentable que pasaran por alto a Moisés, mientras él buscaba y allanaba el camino hacia la gloria para sí mismo, y por malas artes la obtenía, bajo el pretexto del mandato de Dios, cuando, en contra de las leyes, había dado el sacerdocio a Aarón, no por el sufragio común de la multitud, sino por su propio voto, otorgando dignidades a quienes le placía." Añadió: "Que este modo encubierto de imponerles era más difícil de soportar que si lo hubiera hecho por la fuerza abiertamente, porque ahora no solo usurpaba su poder sin su consentimiento, sino que ni siquiera estaban al tanto de sus maquinaciones contra ellos; pues quien es consciente de merecer alguna dignidad, procura obtenerla por persuasión y no por un arrogante método de violencia; aquellos que creen imposible obtener honores justamente, aparentan bondad y no introducen la fuerza, sino que mediante astucias se vuelven poderosos de manera malvada. Que era apropiado para la multitud castigar a tales hombres, incluso cuando creen que sus planes están ocultos, y no permitir que ganen fuerza hasta que sean sus enemigos declarados. ¿Qué explicación," añadió, "puede dar Moisés de por qué ha otorgado el sacerdocio a Aarón y a sus hijos? Porque si Dios hubiera decidido conceder ese honor a uno de la tribu de Leví, yo soy más digno que él; siendo igual a Moisés por mi linaje y superior a él tanto en riquezas como en edad; pero si Dios hubiera decidido otorgarlo al mayor, entonces la tribu de Rubén lo merecería con mayor justicia; y entonces Datán, Abiram y [On, hijo de] Pelet, lo tendrían; pues estos son los hombres más ancianos de esa tribu y también poderosos por su gran riqueza."

3. Ahora bien, Coré, al decir esto, quería aparentar que se preocupaba por el bienestar público, pero en realidad procuraba que esa dignidad le fuera transferida a él por la multitud. Así, con un propósito malicioso pero con palabras plausibles, habló a los de su propia tribu; cuando estas palabras se fueron difundiendo entre más personas, y los oyentes añadieron aún más a los escándalos que se lanzaban contra Aarón, todo el ejército se llenó de ellos. De los que conspiraron con Coré, había doscientos cincuenta, y también eran de los principales hombres, quienes estaban ansiosos por arrebatar el sacerdocio al hermano de Moisés y desacreditarlo; es más, la propia multitud se sintió impulsada a la sedición e intentó apedrear a Moisés, y se reunieron de manera indecorosa, con confusión y desorden. Y ahora todos, de manera tumultuosa, levantaban un clamor ante el tabernáculo de Dios, para enjuiciar al tirano y liberar a la multitud de su esclavitud bajo aquel que, bajo el pretexto de lo Divino, les imponía mandatos violentos; pues si hubiera sido Dios quien eligió a quien debía desempeñar el oficio de sacerdote, habría elevado a una persona digna de ese honor y no habría designado a alguien inferior a muchos otros ni le habría dado ese cargo; y si hubiera considerado adecuado otorgárselo a Aarón, habría permitido que la multitud lo concediera, y no que lo hiciera su propio hermano.

4. Aunque Moisés había previsto desde hacía mucho tiempo esta calumnia de Coré y había notado que el pueblo estaba irritado, no se atemorizó; sino que, animado porque les había dado buenos consejos sobre sus asuntos y sabiendo que su hermano había sido hecho partícipe del sacerdocio por mandato de Dios y no por su propio favor hacia él, se presentó ante la asamblea; y en cuanto a la multitud, no les dijo una palabra, sino que habló a Coré tan fuerte como pudo; y siendo muy hábil en el arte de hablar, y teniendo entre otros este talento natural de conmover grandemente a la multitud con sus discursos, dijo: "Oh Coré, tanto tú como todos estos que están contigo [señalando a los doscientos cincuenta hombres] parecen ser dignos de este honor; ni pretendo que esta compañía no pueda ser merecedora de igual dignidad, aunque no sean tan ricos o tan grandes como tú; ni he tomado y dado este cargo a mi hermano porque sobresaliera a otros en riquezas, pues tú nos superas a ambos en la grandeza de tus bienes; ni tampoco porque fuera de una familia eminente, pues Dios, al darnos el mismo antepasado común, ha hecho iguales nuestras familias; ni siquiera fue por afecto fraternal, cosa que otro podría haber hecho con justicia; pues ciertamente, a menos que hubiera concedido este honor por respeto a Dios y a sus leyes, no habría pasado por alto a mí mismo para dárselo a otro, siendo yo más cercano de parentesco conmigo que con mi hermano, y teniendo mayor intimidad conmigo que con él; pues ciertamente no sería sensato de mi parte exponerme al peligro de ofender y otorgar este cargo feliz a otro por esa razón. Pero estoy por encima de tales prácticas viles; ni Dios habría pasado por alto este asunto y permitido verse así despreciado; ni habría permitido que ustedes ignoraran lo que debían hacer para agradarle; sino que él mismo ha elegido a quien debe desempeñar ese oficio sagrado para él, y así nos ha librado de esa preocupación. De modo que no es algo que yo pretenda otorgar, sino únicamente según la determinación de Dios; por tanto, propongo que aún se dispute entre quienes deseen aspirar a ello, solo pidiendo que quien ya ha sido preferido y lo ha obtenido, pueda también ahora presentarse como candidato. Él prefiere su paz y que vivan sin sedición antes que este honorable cargo, aunque en verdad fue con su aprobación que lo obtuvo; pues aunque Dios fue quien lo concedió, no ofendemos al aceptarlo con su buena voluntad; pero habría sido una impiedad no aceptar ese honorable cargo cuando él lo ofreció; es más, habría sido sumamente irrazonable, cuando Dios ha decidido que alguien lo tenga para siempre y lo ha hecho seguro y firme para él, rechazarlo. Sin embargo, él mismo juzgará de nuevo a quién quiere que le ofrezca sacrificios y tenga la dirección de los asuntos religiosos; pues es absurdo que Coré, que ambiciona este honor, prive a Dios del poder de concederlo a quien le plazca. Pongan, pues, fin a su sedición y disturbio por este motivo; y mañana por la mañana, cada uno de ustedes que desee el sacerdocio traiga un incensario de su casa y vengan aquí con incienso y fuego; y tú, Coré, deja el juicio a Dios y espera ver de qué lado dará su determinación en esta ocasión, pero no te hagas mayor que Dios. Ven también tú, para que esta disputa sobre este honorable cargo tenga resolución. Y supongo que podemos admitir a Aarón sin ofensa, para que se presente a esta prueba, ya que es de tu mismo linaje y no ha hecho nada en su sacerdocio que pueda ser objetado. Vengan, pues, todos juntos y ofrezcan su incienso en público ante todo el pueblo; y cuando lo ofrezcan, aquel cuyo sacrificio Dios acepte será designado para el sacerdocio y quedará libre de la presente calumnia sobre Aarón, como si yo le hubiera concedido ese favor por ser mi hermano."