El arte de amar · Ovid
Part 2
Capítulo 2 de 7 · 14 min de lectura
Presenciarán el triunfo los jóvenes alegremente mezclados con las muchachas, y aquel día dilatará los ánimos de todos. Entonces, si alguna os pregunta el nombre de los reyes y plazas, montes y ríos, cuyos diseños se lleven tremolados, responded a todo, y aun a lo que no pregunte, refiriendo como bien sabido o que ignoréis. He aquí el Éufrates con la cabeza coronada de cañas, y aquel río de cerúlea cabellera es el Tigris. Estos son armenios, aquella Persia. Esta ciudad está en un valle de los aquemenios. Aquel y aquel son los generales; y se llamarán por los nombres que les deis. Decid los verdaderos si los supiereis, y si no, otros a propósito.
También los festines proporcionan entrada a las abastecidas mesas, donde, además del vino, hallaréis otros placeres. Allí el amor humilla la altivez de Baco, presentado a los brindis por torneados brazos. Cuando Cupido empapó en el vino sus alas rezumosas, se hace pesado y permanece inmóvil. Sacude velozmente sus mojadas plumas, pero no impide que el amor inunde los corazones. El vino dispone los ánimos a enardecerse, y a fuerza de beber se disminuyen y desechan los cuidados. Entonces vienen las risas: entonces hasta el pobre toma orgullo: entonces huyen las zozobras y pesares, y se rejuvenece la arrugada frente: entonces la sinceridad, tan rara en nuestro siglo, abre los senos del alma, porque Baco ahuyenta los artificios. Allí las muchachas roban el corazón a los jóvenes, porque Venus en los vinos es fuego en el fuego. La noche y el vino impiden discernir la hermosura; y así no fieis demasiado de la engañosa luz de las lámparas. Paris miró de día y a cielo abierto a las diosas, para pronunciar su juicio a favor de la más bella. Por la noche se ocultan las tachas y se perdonan todos los defectos; y la oscuridad hace hermosa a cualquiera. Consultad al día las piedras preciosas y las telas teñidas de púrpura; consultad al día los talles y semblantes.
¿Para qué os he de nombrar las reuniones mujeriles, acomodadas para los que conquistan? Exceden a las arenas. ¿Qué diré de Bayas, y de sus riberas pobladas de albergues? Y ¿qué de los calientes baños de azufre que estan humeando? Uno, saliendo de aquí con el corazón llagado, dijo: no son saludables estas aguas, como cuentan. He allí fuera de las murallas el templo de la selvática Diana, cuyo sacerdocio se disputa con puntas de ofensivos cuchillos. La diosa, aunque virgen y enemiga de los dardos de Cupido, ha causado y causará a sus devotos muchas heridas.
El que vencía sucedía en el sacerdocio, de modo que esta dignidad se podía llamar conquistada.
Hasta aquí mi musa, en desiguales versos, os ha enseñado donde habéis de buscar a quien amar, y donde armarle lazos. Ahora me afano a mostraros lo más importante de mi arte, que es el modo de ganar a la que os agradó. Escuchadme, hombres, con mente dócil, seguros de que no hago promesas vanas. Persuadíos firmemente a que todas se pueden coger; y las cogeréis, dándoos maña. Antes enmudecerán los pájaros en la primavera, en el estío las cigarras, y los perros huirán la liebre, que a un joven se resista la mujer suavemente acariciada. Tal que pensaréis no condescienda, también condescenderá. Bien así como a los hombres, engolosina a las mujeres la furtiva Venus. Los hombres disimulan mal; ellas desean más encubiertamente. Por eso es ley conveniente que el varón se declare antes, y que la hembra ruegue ya vencida. La novilla brama al toro en los herbosos prados; la yegua relincha al cornípedo caballo.
No es más punzante en nosotros, ni tan furiosa la lujuria: el ardor viril tiene término natural. Aficionose de su hermano con amor prohibido la ninfa Biblis, y con un dogal castigó en sí lo ilícito valerosamente. Mirra concibió por su padre indebida ternura, y se escondió debajo de la corteza de un árbol oloroso, donde está ahora llorando. Nos ungimos con sus lágrimas, y conservan el nombre de su dueño.
Había en los valles umbríos del frondoso Ida un albo toro, ornamento de su rebaño, señalado con un poco de negro en medio de los cuernos; tenía esta única mancha, lo demás era como la leche. Las novillas de Cnoso y de Cidón apetecieron sostenerle en su lomo. Pasífae lisonjeada de que llegaría a ser su amante adúltera, odiaba celosa a las garridas terneras. Lo que digo es notorio, y no lo puede negar Creta la mentirosa con sus ciento ciudades. Esta misma segaba, con desacostumbrada mano, tiernas hojas y fresca yerba para el toro. Iba compañera entre el rebaño, sin que detuviese su ida el cuidado del esposo; y el toro era preferido a Minos. ¿De qué te sirve, Pasífae, vestir ropas preciosas, si tu galán es insensible a esas riquezas? ¿Qué necesitas espejo tú que corres tras del rebaño por ásperas montañas? ¿Para qué, necia, rizas tanto el cabello? Cree al espejo que te desmiente de que eres becerra: ¡oh, cuanto quisieras que te naciesen cuernos en la frente! Si amas a Minos, no busques barragán; o si quieres ofenderle, oféndele con hombre. Por bosques y jarales, dejando el ostentoso palacio, vaga la reina como bacante inspirada por el dios de Aonia. ¡Ah! Cuántas veces miró con mal gesto a una novilla, diciendo: ¿Por qué esta agrada a mi querido? Ved como trisca delante de él en las praderas, y no dudo que neciamente se imagine que le agrada con saltar así. Decía, y mandaba, al punto quitarla de la vacada, y ponerla sin razón a tirar del duro arado; o la hacía caer ante las aras, víctima del maquinado sacrificio, teniendo alegre ella misma las entrañas de su competidora. Y siempre que aplacaba a los númenes con rivales degolladas, teniendo sus entrañas: andad ahora, decía, a agradar a mi dueño. Ya pretendía la suerte de la ninfa Europa, ya la suerte de Ío: esta porque fue vaca; la otra porque cabalgó en un toro. Pasífae sació por fin su pasión con la guía del rebaño, metiéndose dentro de una vaca de madera; y el parto descubrió a su autor.
De este trato bestial nació el Minotauro, que encerró Dédalo en el laberinto de Creta.
Si Aérope no hubiera sucumbido al adulterio de Tiestes, no hubiera Febo retrocedido en medio de su carrera, ni con vueltos caballos conducido hacia la aurora su carro. La hija de Niso, robado a su padre el cabello de que pendía su vida, para entregarlo al enemigo que ella amaba, fue cambiada en monstruo marino, que entre sus muslos apretaba a unos perros rabiosos. Fue inhumanamente asesinado por su consorte el atrida Agamenón, el que en la tierra había escapado a Marte, y en el mar a Neptuno. ¿Quién no virtió lágrimas sobre la hoguera de Creúsa, y sobre la madre ensangrentada con la muerte de sus hijos? Lamentó Fénix con secos gemidos el vilipendio de su padre. Los espantados caballos despedazaron a Hipólito. Fineo, ¿por qué arrancas los ojos a tus inculpables hijos? Sobre tu cabeza recaerá este castigo.
Tantas desventuras se causaron por lascivia femenil. Es más acre que la nuestra, y tiene más vehemencia. Ea pues, no dudéis de lograr todas las muchachas: apenas habrá entre mil una que resista a vuestras solicitudes. Las que otorgan y las que niegan se gozan de ser rogadas. Para que os engañéis, al principio os darán repulsa; pero ¿por qué engañaros, siéndoles sabrosa la novedad en los deleites, y arrastrando más su corazón los vedados? Más colmada parece siempre la mies en el campo ajeno: más abundante en leche el rebaño vecino.
Pero ante todo procurad conocer a la sierva del objeto anhelado, para que os facilite su trato. Ved que interviene en los consejos de su ama, y que es sabedora no poco confidencial de sus secretas diversiones. Sobornadla con ruegos y con promesas, porque si ella quiere obtendréis fácilmente lo que deseáis. Elija ella el tiempo (también los médicos guardan tiempos) en que la voluntad de su señora se manifieste fácil, y dispuesta a ser ganada. Estará dispuesta la voluntad cuando alegrísima sobre manera lozaneare, como el sembrado en tierra fértil. Así como la tristeza comprime los corazones, la alegría los ensancha: entonces se abren por sí mismos, y Venus entra no difícilmente. Cuando Troya estaba triste, se defendió peleando; entregada al regocijo recibió el caballo preñado de soldados.
Hase también de propiciar cuando se doliere injuriada por combleza del marido: entonces redoblad vuestras artes, para que no quede sin venganza. Despierte su atención la sierva al peinar por la mañana sus cabellos, añadiendo a la vela la fuerza del remo. Y suspirando diga entre sí con leve murmullo: a mi parecer nunca podrás pagarle en la misma moneda. Hable entonces de vosotros en términos persuasivos, jurando que morís locamente por sus amores. Pero aprovechad la coyuntura, no sea que se abatan las velas, y amaine el viento. Desaparece brevemente la ira, como la frágil escarcha.
Se entiende del marido amancebado.
¿Me preguntaréis acaso si convendría corromper a la misma tercera? Se necesita en esto grande fortuna. Muchas con el concúbito se hacen más activas, y otras más negligentes. Las unas os prepararían el don de su señora; las otras labrarían sus placeres. El acierto es eventual: y aunque esto salga bien a los atrevidos, mi consejo es abstenerse.
No os conduciré yo por eminencias y precipicios, ni ningún joven será chasqueado, siendo yo su director. Si la confidente, al recibir y dar los billetes, os place tanto por su figura, como por su puntualidad, haced por gozar primero a la señora, y sígala ella en la suerte. No habéis de empezar la Venus por la sirviente. Lo único que aconsejo (si se da crédito al arte, y no tenéis mis dichos por palabras vagas) es: o no intentar, o perfeccionar la obra. Se quita el descubridor, entrando ella una vez a la parte en el delito. En vano se esfuerza a volar el pájaro cogido en la liga: no escapa fácilmente el jabalí asido en las redes; ni el pez huye herido y preso en el anzuelo. Asaltad la plaza, y no os apartéis sino vencedores. Entonces no os estorbará, ligada con la culpa de entrambos, y sabréis cuanto haga y diga su señora. Pero sed muy callados, porque si no la descubrís, sabréis siempre las interioridades de vuestra amiga.
Yerra el que opina que solo deben observar el tiempo los navegantes y los operosos cultivadores. No siempre se ha de confiar la siembra de la falaz apariencia de los campos, ni embarcarse siempre que el mar parece en calma; ni es siempre seguro conseguir las buenas muchachas. Hay tiempos más acomodados a tales conquistas. Si se acercare su cumpleaños; o las calendas de marzo consagradas a Venus; o si el circo estuviere no adornado con mezquinas estatuas, como antes estuvo, sino enriquecido con despojos de reyes; diferid el negocio, pues entonces se apresura el triste invierno, y las Pléyades: entonces las cabrillas se sumergen en las marinas aguas. Entonces es bien desistir: entonces, el que se confía a las olas esta cierto del naufragio.
No es oportuno, dice, darse a galanterías cuando se representan tragedias, porque sus efectos terror y compasión desvían el corazón mujeril de corresponder a ellas. ¡Qué cultura!
Comenzaréis acertadamente por el tiempo de la batalla que enrojeció con latina sangre al lloroso Alia: o en los días saturnales, destinados a la holganza, y en las fiestas séptimas celebradas por el palestino Siro. Temed sobre todo el natalicio de la amiga; porque el día en que se ha de regalar es un día aciago. Por mucho que la evitéis, ella os lo sacará, pues la mujer sabe el arte de chupar el dinero al amante deseoso. Vendrá un desaliñado mercader a casa de la antojadiza compradora, y en vuestra presencia mostrará sus mercaderías. Las cuales ella, como que le parecéis conocedores, os rogará que veáis. Después os besará, y en seguida os pedirá se las compréis. Os dirá que las necesita ahora, y que ahora se le han de comprar; jurando quedar con esto contenta para muchos años. Si os excusáis con que no tenéis dinero en casa, os pedirá una obligación; y no os evadiréis, con toda vuestra ciencia.
¿Pues, qué, no pedirá dádivas para las libaciones en el día de sus años, renovando su nacimiento cuantas veces lo necesite? ¿Y qué, no llorará otro día desconsolada por fingidas pérdidas, como la de habérsele caído una piedra del pendiente? También piden prestadas muchas cosas, y no las vuelven. Las perdéis, y este daño queda sin agradecimiento. En suma, no me bastarían diez bocas y otras tantas lenguas para proseguir las sacrílegas socaliñas de una mujer venal.
Tantead el vado con un billete, que vaya como primer mensajero de vuestro pensamiento. Llenadle de requiebros, imitando las palabras de los amantes, y acompañándolas con eficaces súplicas. Movido Aquiles con la plegaria de Príamo, le donó el cuerpo de Héctor; y los dioses airados se inclinan a la voz rogadora. Prometed, porque ¿qué daña el prometer? Cualquiera puede ser liberal en promesas. La esperanza alimenta por largo tiempo una vez consentida. La esperanza es engañosa: pero es una divinidad a propósito.
Una divinidad que juega mucho en los negocios del mundo.
Una mujer os dejará con razón cuando la hayáis dado algo, y pagada de lo pasado nada se exponga a perder. Pero no dando, aparentad siempre que daréis. Así engaña un campo estéril muchas veces a su dueño: así un jugador que pierde, sigue perdiendo cebado en la avaricia de afortunada suerte. Esta es la obra, esta la habilidad, adquirir sin interés los primeros favores; porque la que gratuitamente complació, continuará complaciendo. Enviadla pues billetes llenos de ternura para reconocer antes el camino, y explorar la voluntad. Cidipe fue seducida por una carta, atada a una manzana, cuyas expresiones encendieron a la incauta en su pasión.
Amonesto a la juventud romana que aprenda a ser elocuente no solamente para defender a los medrosos reos. Aplaudirá a la elocuencia tanto la amorosa muchacha, como el pueblo, los jueces graves y el circunspecto senado. Disimulad sin embargo el arte, y no os jactéis de elocuentes. Desterrad de las cartas las palabras afectadas. ¿Quién sino un falto de talento hablará a su tierna amiga como declamador? A veces son las cartas estudiadas causa de aborrecimiento. Escribid en estilo creíble, y en términos acostumbrados; suaves empero para que parezca que habláis estando presentes. Si no recibe el billete, y lo devuelve sin leerlo, no desesperéis de que lo leerá, y perseverad en el propósito. Con el tiempo vienen al yugo los indómitos toros: con el tiempo se enseñan al duro freno los caballos. Con el continuo uso se gasta una argolla de yerro; y la reja del corvo arado se consume con la continua labranza. ¿Qué hay más duro que el peñasco? ¿Qué más blando que el agua? Y sin embargo el agua blanda cava en el duro peñasco. Insistid; con el tiempo a la misma Penélope venceréis. Tarde se vio tomada Troya; pero se vio tomada.
Si lee, y no quiere responder, no la apremiéis. Proseguid en escribirla vuestras ansias: que si una vez gusta de leerlas, gustará de responder a su lectura. Estas cosas vendrán por su orden gradual. Acaso la primera respuesta será desengañada, y os rogará que no la requiráis de amores; pero temerá cumpláis lo que ruega, y deseará que apresuréis lo que no ruega. Seguid, y arribaréis luego a vuestro intento.
Entretanto si la encontráis llevada muellemente en la litera, acercaos con disimulo, y para que alguno no aplique curioso el oído a vuestra plática, ocultadla con la astucia de explicaros por palabras ambiguas. Si se espaciare a pie en el pórtico, paseaos también, y permaneced allí tanto como ella; ya yendo detrás, ya delante, ya de prisa, ya despacio sin avergonzarse de pasar por medio de las columnas, o de ir a su lado.
Era costumbre no pasearse por entre las columnas de los pórticos o atrios.
Ni la dejéis sola en las diversiones teatrales: allí con su compostura os embebecerá la atención. Miradla y remiradla, y haced como que la admiráis; habladla muchas cosas con los ojos, y muchas por señas Aplaudid a la mima que baile con destreza, y a cualquiera que represente papel de enamorado. Levantaos cuando ella se levante, estad sentado mientras lo estuviere: gastad el rato al arbitrio de la señora.
Empero no acostumbréis a ensortijar con hierro los cabellos, ni a pulir las piernas con la áspera pómez. Dejad esta afeminación a los sacerdotes que con frigios tonos cantan aullando a la madre Cibeles. A los hombres les conviene compostura descuidada. Teseo prendó a Ariadna sin arrebolarse ni rociarse con esencias. Fedra amó a Hipólito, que no usaba de muchos atavíos; y era cuidado de Venus, Adonis en traje inculto. Cuidad del aseo, aunque la cara esté fusca con los ejercicios del Campo Marcio. Llevad bien hecha y sin manchas la toga. No tengáis asquerosa la lengua, los dientes llenos de sarro, ni naden los pies en amplio calzado. No llevéis la cabeza deformemente trasquilada; traed el cabello y la barba cortada por mano hábil. No tengáis largas ni con suciedad las uñas, ni sobresalga pelo alguno en las ventanas de la nariz. Evitad que os huela mal el aliento, y el cuerpo a sobaquina. Todo lo demás es de mujeres lascivas, o de aquel varón que se complace en torpes amores.
He aquí a Baco que llama a su poeta, y como protector de amadores favorece la llama con que él mismo se abrasa. Ariadna erraba demente por la desierta playa de Cnoso en aquella parte por donde bañan a la pequeña Día las marinas ondas. Como estaba en el sueño, velada con desceñida túnica, los pies desnudos, y destrenzados los rubios cabellos, demandaba con gritos a las sordas olas el cruel Teseo, vertiendo un río de desmerecidas lágrimas, que regaban sus rosadas mejillas. Clamaba y lloraba juntamente, y en sus voces y llanto parecía más hermosa. Golpeándose otra vez el primoroso pecho, ¡el pérfido se ha ido!, dijo, ¡qué será de mí, qué será de mí! Y toda la ribera resonó con el ruido de los címbalos y atabales pavorosamente tañidos. La conmoción la derribó en tierra, interrumpiendo sus últimas palabras: quedó sin movimiento como amortecida. Al punto vinieron las bacantes, tendida la melena por las espaldas: al punto los ligeros sátiros, cortejo precursor del dios: al punto el viejo beodo Sileno, que teniéndose apenas a caballo del asno, se asía mañoso de las crines. Entretanto que seguía a las bacantes, y que las bacantes ya le huían, ya le buscaban, picó al cuadrúpedo con los talones, y como mal jinete dio de cabeza, caído del orejudo asno. Los sátiros le gritaron: Sus, arriba, arriba, padre. Ya el dios desde el carro tejido de uvosos pámpanos detiene con las riendas de oro los uncidos tigres. Quedó Ariadna sin color, sin habla y sin llamar a Teseo. Tres veces intentó huir, y tres veces embargada por el miedo tembló como las vacías espigas sacudidas por el viento; como la caña leve se bambolea en la cenagosa laguna. Depón el miedo, le dijo el dios, en mí tienes un compañero más fiel que Teseo. Oh Ariadna, de Baco serás la dulce esposa. Por dote te doy el cielo: del cielo astro radioso, servirás de guía a la incierta nave. Dijo; y a fin de que ella no se espantase de los tigres, saltó del carro, la arena cedió bajo sus pies. La llevó abrazada contra su pecho, porque a la verdad no tenía fuerza para resistirse; bien que es fácil a los dioses poderlo todo. Parte de la comitiva cantó Himeneo, y parte clamó: ¡Evoé, evoé! Así fueron juntos al tálamo nupcial la novia y el dios.
Esto es, como había despertado, porque Teseo la dejó durmiendo.
Conocido con el nombre de corona de Ariadna.
Así que, cuando en los convites brindaréis los báquicos dones, sentados mano a mano con alguna mujer, deprecad al padre Nictelio, y las nocturnas deidades no permitan que los vinos perturben vuestro cerebro. Allí tendréis libertad de decir con palabras encubiertas mil cosas amorosas, que ella se tomará por sí. Escribid en la mesa breves galanterías con las gotas de vino derramadas, para darle a conocer que es vuestro dueño. Mirad sus ojos con ojos intérpretes de vuestra pasión. Un semblante taciturno habla a veces más que la lengua. Haced por tomar el primero el vaso en que haya bebido, y bebed por donde sus labios le hayan tocado. Y cualquiera cosa de comer que haya partido con los dedos, pedídsela y al dárosla tocadle la mano.
Sobrenombre de Baco.
Trabajad también en adular al marido, pues hecho amigo os será muy útil. Si bebéis por suerte, dejadle la suerte primera, y dadle la corona quitada de vuestra cabeza. Si es de clase inferior o igual, dejadle tomar de todo antes; deferid a él, y no le contradigáis. Aunque la tengan por algo culpada, es vía frecuente y segura engañar al marido so color de amistad.



