Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare
SCENE I. Britain. Before Cymbeline’s palace.
Capítulo 140 de 818 · 2 min de lectura
Entran Cloten y los dos lores.
CLOTEN. ¿Alguna vez hubo hombre con tanta mala suerte? ¡Cuando besé la bola, al lanzar hacia arriba, me la quitaron de un golpe! Tenía cien libras apostadas; y luego un maldito monigote tuvo que reprenderme por jurar, como si yo le hubiera pedido prestados mis juramentos y no pudiera gastarlos a mi antojo.
PRIMER LORD. ¿Y qué ganó con eso? Le rompiste la cabeza con tu bola.
SEGUNDO LORD. [Aparte.] Si su ingenio hubiera sido como el de quien se la rompió, se le habría salido todo.
CLOTEN. Cuando un caballero quiere jurar, no le corresponde a ningún espectador recortar sus juramentos. ¿Eh?
SEGUNDO LORD. No, mi señor; [Aparte.] ni cortarles las orejas.
CLOTEN. ¡Perro malnacido! Le di satisfacción. ¡Ojalá hubiera sido de mi rango!
SEGUNDO LORD. [Aparte.] Para haber olido como un necio.
CLOTEN. Nada en la tierra me irrita más. ¡Maldita sea! Preferiría no ser tan noble como soy; no se atreven a pelear conmigo, por culpa de la Reina, mi madre. Cualquier pelafustán se harta de pelear, y yo tengo que andar de un lado a otro como un gallo que nadie puede igualar.
SEGUNDO LORD. [Aparte.] Eres gallo y capón también; y cacareas, gallo, con tu cresta en alto.
CLOTEN. ¿Qué dices?
SEGUNDO LORD. No conviene que su señoría se enfrente a cada compañero al que ofende.
CLOTEN. No, lo sé; pero sí conviene que yo ofenda a mis inferiores.
SEGUNDO LORD. Sí, eso solo le corresponde a su señoría.
CLOTEN. Exactamente, eso digo.
PRIMER LORD. ¿Oíste hablar de un forastero que ha llegado a la corte esta noche?
CLOTEN. ¿Un forastero, y yo sin saberlo?
SEGUNDO LORD. [Aparte.] Él mismo es un tipo extraño, y no lo sabe.
PRIMER LORD. Ha llegado un italiano, y se cree que es amigo de Leonato.
CLOTEN. ¿Leonato? Un infeliz desterrado; y el otro es igual, sea quien sea. ¿Quién te habló de ese forastero?
PRIMER LORD. Uno de los pajes de su señoría.
CLOTEN. ¿Conviene que vaya a verlo? ¿No hay desdoro en ello?
SEGUNDO LORD. Usted no puede desdorar, mi señor.
CLOTEN. No fácilmente, creo.
SEGUNDO LORD. [Aparte.] Se le concede ser un necio; por lo tanto, sus acciones, siendo necias, no deshonran.
CLOTEN. Vamos, iré a ver a ese italiano. Lo que perdí hoy en los bolos lo recuperaré esta noche con él. Vamos, ven.
SEGUNDO LORD. Acompañaré a su señoría.
[Salen Cloten y el Primer Lord.]
¡Que una diabla tan astuta como su madre haya dado al mundo a este asno! Una mujer que todo lo vence con su ingenio; y este su hijo no puede restar dos de veinte, por más que lo intente, y dejar dieciocho. ¡Ay, pobre princesa, divina Imógena, cuánto sufres, entre un padre gobernado por tu madrastra, una madre que a cada hora urde intrigas, un pretendiente más odioso que la infame expulsión de tu querido esposo, más que ese acto atroz del divorcio que él pretende! ¡Que los cielos mantengan firmes los muros de tu preciado honor, que permanezca inquebrantable ese templo, tu noble mente, para que puedas gozar de tu esposo desterrado y de esta gran tierra!
[Sale.]



