Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare

SCENE VI. Camp before Florence.

Capítulo 15 de 818 · 4 min de lectura

Entran Bertram y los dos lores franceses.

PRIMER LORD. No, buen señor, póngalo a prueba; déjelo hacer a su manera.

SEGUNDO LORD. Si su señoría no lo encuentra un cobarde, no vuelva a tenerme en su estima.

PRIMER LORD. Por mi vida, mi señor, es pura apariencia.

BERTRAM. ¿Creen que estoy tan engañado respecto a él?

PRIMER LORD. Créalo, mi señor, lo sé de primera mano, sin mala intención, solo hablo de él como pariente: es un cobarde notable, un mentiroso infinito y perpetuo, un incumplidor constante de promesas, dueño de ninguna cualidad digna de la atención de su señoría.

SEGUNDO LORD. Sería conveniente que lo conociera; no sea que, confiando demasiado en una virtud que no tiene, en algún asunto importante y de confianza, en un gran peligro, lo defraude.

BERTRAM. Me gustaría saber en qué acción concreta probarlo.

SEGUNDO LORD. No hay mejor que dejarle recuperar su tambor, que tan confiadamente asegura que hará.

PRIMER LORD. Yo, con una tropa de florentinos, lo sorprenderé de repente; elegiré a quienes estoy seguro él no distingue del enemigo; lo ataremos y le cubriremos los ojos, de modo que crea que lo llevan al campamento adversario cuando en realidad lo llevamos al nuestro. Solo esté su señoría presente en su interrogatorio; si no, por salvar su vida y bajo la más vil compulsión del miedo, intenta traicionarlo y revela toda la información que tenga en su poder contra usted, y eso bajo juramento, con la condena divina de su alma, nunca más confíe en mi juicio.

SEGUNDO LORD. Oh, por amor a la risa, déjelo recuperar su tambor; dice que tiene una estratagema para ello. Cuando su señoría vea el fondo de su éxito y en qué se funde este falso trozo de metal, si no le da la bienvenida de Juan Tambor, su inclinación no cambiará. Aquí viene.

Entra Parolles.

PRIMER LORD. Oh, por amor a la risa, no impida el honor de su empresa: deje que recupere su tambor de cualquier modo.

BERTRAM. ¿Qué pasa, monsieur? Ese tambor le pesa mucho en el ánimo.

SEGUNDO LORD. Al diablo con eso; déjelo, no es más que un tambor.

PAROLLES. ¿Solo un tambor? ¿Es solo un tambor? ¡Un tambor perdido así! Fue una orden excelente, cargar con nuestra caballería sobre nuestras propias alas y destrozar a nuestros propios soldados.

SEGUNDO LORD. Eso no fue culpa del mando en el servicio; fue un desastre de guerra que ni César mismo habría podido evitar, aunque hubiera estado allí al mando.

BERTRAM. Bien, no podemos condenar mucho nuestro resultado: algo de deshonra tuvimos con la pérdida de ese tambor, pero no se puede recuperar.

PAROLLES. Se podría haber recuperado.

BERTRAM. Se podría, pero ya no.

PAROLLES. Se ha de recuperar. Si el mérito del servicio rara vez se atribuye al ejecutor verdadero y exacto, yo tendría ese tambor u otro, o aquí yace.

BERTRAM. Pues si tiene ánimo para ello, monsieur, si cree que su arte en la estratagema puede devolver ese instrumento de honor a su lugar de origen, sea magnánimo en la empresa y adelante; yo honraré el intento como una hazaña digna; si le va bien, el duque hablará de ello y le otorgará lo que corresponda a su grandeza, hasta la última sílaba de su mérito.

PAROLLES. Por la mano de un soldado, lo intentaré.

BERTRAM. Pero no debe dormirse en ello.

PAROLLES. Me ocuparé de ello esta noche; y anotaré enseguida mis dilemas, me animaré en mi certeza, me prepararé para la acción; y antes de la medianoche espere noticias mías.

BERTRAM. ¿Puedo informar a su excelencia que ya está en ello?

PAROLLES. No sé cuál será el resultado, mi señor, pero el intento lo juro.

BERTRAM. Sé que eres valiente; y en la posibilidad de tu destreza militar, firmo por ti. Adiós.

PAROLLES. No me gustan las muchas palabras.

[Sale.]

PRIMER LORD. Tanto como a un pez le gusta el agua. ¿No es extraño, mi señor, que este sujeto parezca tan seguro de emprender algo que sabe que no se puede hacer; se condena a hacerlo, y prefiere condenarse antes que hacerlo?

SEGUNDO LORD. Usted no lo conoce, mi señor, como nosotros; es seguro que se gana el favor de un hombre y durante una semana escapa de muchos descubrimientos, pero cuando lo descubre, lo tiene para siempre.

BERTRAM. ¿Por qué, cree que no hará nada de esto a lo que tan seriamente se dispone?

PRIMER LORD. Nada en absoluto; solo volverá con una invención y le contará dos o tres mentiras plausibles; pero ya casi lo tenemos acorralado; verá su caída esta noche; pues en verdad no es digno de la estima de su señoría.

SEGUNDO LORD. Le daremos algo de diversión con el zorro antes de despellejarlo. Primero fue descubierto por el viejo Lord Lafew; cuando se separe de su disfraz, dígame qué bagatela encontrará en él; lo verá esta misma noche.

PRIMER LORD. Debo ir a preparar mis trampas. Será capturado.

BERTRAM. Su hermano irá conmigo.

PRIMER LORD. Como guste su señoría. Lo dejo.

[Sale.]

BERTRAM. Ahora lo llevaré a la casa y le mostraré a la joven de la que le hablé.

SEGUNDO LORD. Pero dice que es honesta.

BERTRAM. Ese es todo el defecto. Solo hablé con ella una vez, y la encontré maravillosamente fría, pero le envié, por medio de este mismo necio que tenemos en la mira, regalos y cartas que ella devolvió, y eso es todo lo que he hecho. Es una hermosa criatura; ¿quiere verla?

SEGUNDO LORD. Con todo mi corazón, mi señor.

[Salen.]