Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare

SCENE VII. Florence. A room in the Widow’s house.

Capítulo 16 de 818 · 2 min de lectura

Entran Helena y la Viuda.

HELENA. Si dudan de que no soy quien digo ser, no sé cómo podría asegurarles más, pero perdería la base sobre la que actúo.

VIUDA. Aunque mi fortuna haya caído, nací de buena cuna, nada sé de estos asuntos, y no pondría ahora mi reputación en ningún acto deshonroso.

HELENA. Ni yo lo desearía. Primero confíe en mí: el conde es mi esposo, y lo que le he contado bajo juramento es palabra por palabra cierto; así, con la buena ayuda que de usted reciba, no podrá errar al brindarla.

VIUDA. Debería creerle, pues me ha mostrado pruebas suficientes de que posee gran fortuna.

HELENA. Tome esta bolsa de oro y permítame comprar su amable ayuda hasta aquí, la cual le pagaré de más, y volveré a pagar cuando la haya encontrado. El conde corteja a su hija, sitia su belleza con desenfreno, decidido a conquistarla; deje que al final ella consienta, según le indiquemos cómo es mejor proceder. Ahora, su sangre impetuosa no negará nada de lo que ella pida; el conde lleva un anillo que ha pasado en su familia de hijo a hijo, unas cuatro o cinco generaciones desde que lo usó el primer padre. Ese anillo lo estima en gran valor; pero, en su pasión, para conseguir su deseo, no lo consideraría demasiado caro, aunque luego se arrepienta.

VIUDA. Ahora comprendo el fondo de su propósito.

HELENA. Entonces ve que es lícito; no es más que su hija, antes de parecer conquistada, pida ese anillo; le cite un encuentro; y, finalmente, me entregue a mí para ocupar el tiempo, permaneciendo ella ausente y casta. Después, para casarse con ella, añadiré tres mil coronas a lo ya convenido.

VIUDA. He accedido. Instrúyame a mi hija en cómo perseverar, para que el tiempo y el lugar, con este engaño tan legítimo, resulten coherentes. Cada noche él viene con músicas de todo tipo y canciones compuestas para su poca valía: de nada sirve reprenderlo desde nuestras ventanas; pues insiste como si en ello le fuera la vida.

HELENA. Entonces, esta noche pongamos a prueba nuestro plan; si resulta, será un propósito malicioso en un acto legítimo, y un propósito legítimo en un acto legítimo, donde ambos no pecan, y sin embargo es un hecho pecaminoso. Pero manos a la obra.

[Salen.]

ACTO IV.