Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare

SCENE II. A public Road near Coventry.

Capítulo 195 de 818 · 3 min de lectura

Entran Falstaff y Bardolfo.

FALSTAFF. Bardolfo, adelántate a Coventry; lléname una botella de sack. Nuestros soldados pasarán por ahí; esta noche iremos a Sutton Co’fil’.

BARDOLFO. ¿Me dará dinero, capitán?

FALSTAFF. Adelanta, adelanta.

BARDOLFO. Esta botella hace un ángel.

FALSTAFF. Si lo hace, tómalo por tu trabajo. Y si hace veinte, tómalo todo, yo responderé por la moneda. Dile a mi teniente Peto que me espere al final del pueblo.

BARDOLFO. Lo haré, capitán: adiós.

[Sale.]

FALSTAFF. Si no me avergüenzo de mis soldados, soy un besugo en escabeche. He abusado terriblemente de la leva del Rey. He conseguido, a cambio de ciento cincuenta soldados, más de trescientas libras. No recluté sino buenos cabezas de familia, hijos de labradores, busqué solteros comprometidos, de esos que ya han sido preguntados dos veces en las amonestaciones, una mercancía de esclavos acomodados que preferirían oír al diablo antes que un tambor, que temen el disparo de una arcabuzada más que un ave herida o un pato salvaje lastimado. No recluté sino esos pan con mantequilla, con corazones en el vientre no más grandes que la cabeza de un alfiler, y han comprado su servicio; y ahora toda mi tropa consiste en alféreces, cabos, tenientes, caballeros de compañía—esclavos tan andrajosos como Lázaro en el tapiz pintado, donde los perros del rico lamían sus llagas; y tales que en verdad nunca fueron soldados, sino criados despedidos sin justicia, hijos menores de hijos menores, taberneros rebeldes y mozos de cuadra caídos en desgracia; los parásitos de un mundo tranquilo y una larga paz, diez veces más deshonrosamente harapientos que un viejo estandarte descolorido; y con tales debo llenar los huecos de los que han comprado su servicio, que cualquiera pensaría que tengo ciento cincuenta pródigos andrajosos recién salidos de cuidar cerdos, de comer desperdicios y cáscaras. Un loco me encontró en el camino y me dijo que había descargado todas las horcas y reclutado cadáveres. Nadie ha visto tales espantapájaros. No pienso pasar por Coventry con ellos, eso es seguro. Y los villanos caminan tan abiertos de piernas como si llevaran grilletes, porque en verdad la mayoría los saqué de la cárcel. No hay ni una camisa y media en toda mi compañía, y la media camisa son dos servilletas cosidas y echadas sobre los hombros como un tabardo de heraldo sin mangas; y la camisa, a decir verdad, robada a mi posadero en Saint Albans, o al tabernero de nariz roja de Daventry. Pero da igual; encontrarán suficiente lino en cada seto.

Entran el Príncipe Enrique y el Lord de Westmoreland.

PRÍNCIPE. ¿Qué tal, viejo Jack? ¿Qué tal, colcha?

FALSTAFF. ¡Vaya, Hal! ¿Qué tal, loco travieso? ¿Qué demonios haces en Warwickshire? Mi buen Lord de Westmoreland, le pido disculpas. Pensé que su señoría ya estaría en Shrewsbury.

WESTMORELAND. En verdad, Sir John, ya es más que hora de que esté allí, y usted también, pero mis tropas ya están allá. El Rey, se lo digo, nos espera a todos. Debemos partir esta misma noche.

FALSTAFF. Bah, no tema por mí. Soy tan vigilante como un gato para robar crema.

PRÍNCIPE. Creo que para robar crema, en efecto, pues tu robo ya te ha convertido en mantequilla. Pero dime, Jack, ¿de quién son esos compañeros que vienen detrás?

FALSTAFF. Míos, Hal, míos.

PRÍNCIPE. Nunca vi rufianes tan lastimosos.

FALSTAFF. Bah, bah, son lo bastante buenos para lanzar; carne de cañón, carne de cañón, llenarán una fosa tan bien como los mejores. Vamos, hombre, hombres mortales, hombres mortales.

WESTMORELAND. Sí, pero, Sir John, me parece que son sumamente pobres y miserables, demasiado andrajosos.

FALSTAFF. En verdad, de su pobreza no sé de dónde la sacaron; y de sus harapos, estoy seguro de que no lo aprendieron de mí.

PRÍNCIPE. No, lo juro, a menos que llames tener tres dedos en las costillas estar en harapos. Pero, oye, date prisa. Percy ya está en el campo.

[Sale.]

FALSTAFF. ¿Qué, el Rey está acampado?

WESTMORELAND. Sí, Sir John. Temo que nos demoremos demasiado.

[Sale.]

FALSTAFF. Bien, Al final de una pelea y al principio de un banquete Le va bien a un luchador torpe y a un comensal entusiasta.

[Sale.]