Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare
SCENE I. France. Before Harfleur.
Capítulo 232 de 818 · 1 min de lectura
Alarma. Entran el rey Enrique, Exeter, Bedford, Gloucester y soldados, con escaleras de asalto.
REY ENRIQUE. Una vez más al asalto, queridos amigos, una vez más, o sellen el muro con nuestros muertos ingleses. En la paz, nada adorna tanto al hombre como la quietud modesta y la humildad; pero cuando el estruendo de la guerra retumba en nuestros oídos, entonces imiten la acción del tigre; endurezcan los nervios, aviven la sangre, disimulen la nobleza natural con fiera ira; den a la mirada un aspecto terrible; que atraviese la tronera de la cabeza como cañón de bronce; que la frente la cubra tan amenazante como roca herida que sobresale y domina su base azotada por el salvaje y desbordado océano. Ahora aprieten los dientes y ensanchen las narinas, contengan el aliento y eleven cada espíritu a su máxima altura. ¡Adelante, adelante, nobles ingleses, cuya sangre proviene de padres curtidos en la guerra! Padres que, como tantos Alejandros, han combatido en estas tierras desde el alba hasta el anochecer, y envainado sus espadas solo por falta de adversarios. No deshonren a sus madres; demuestren ahora que aquellos a quienes llamaron padres realmente los engendraron. Sean ejemplo para hombres de sangre más burda y enséñenles cómo se pelea. Y ustedes, buenos yeomen, cuyos miembros se forjaron en Inglaterra, muéstrennos aquí el temple de su cuna; jurémonos que son dignos de su linaje, de lo cual no dudo; pues no hay entre ustedes ninguno tan humilde y bajo que no tenga nobleza en la mirada. Los veo firmes como galgos en la traílla, ansiosos por lanzarse. ¡La caza ha comenzado! Sigan a su espíritu, y al cargar griten: “¡Dios por Harry! ¡Inglaterra y San Jorge!”
[Salen. Alarma y disparos de cañón.]



