Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare
SCENE IX. Kenilworth Castle
Capítulo 299 de 818 · 2 min de lectura
Suena la trompeta. Entran el Rey, la Reina y Somerset en la terraza, en lo alto.
REY ENRIQUE. ¿Hubo acaso rey que gozara de un trono terrenal y no pudiera mandar más contento que yo? Apenas salí de la cuna, fui hecho rey a los nueve meses de edad. Jamás un súbdito anheló ser rey como yo anhelo y deseo ser súbdito.
Entran Buckingham y el viejo Clifford.
BUCKINGHAM. ¡Salud y buenas nuevas para vuestra majestad!
REY ENRIQUE. ¿Qué sucede, Buckingham, han sorprendido al traidor Cade? ¿O solo se ha retirado para fortalecerse?
Entran abajo multitudes con sogas al cuello.
CLIFFORD. Ha huido, mi señor, y todas sus fuerzas se rinden, y humildemente así, con sogas al cuello, esperan el veredicto de vuestra alteza, de vida o muerte.
REY ENRIQUE. Entonces, cielo, abre tus puertas eternas para acoger mis votos de gratitud y alabanza. Soldados, hoy han redimido sus vidas y demostrado cuánto aman a su príncipe y a su patria. Perseveren en tan buen ánimo, y Enrique, aunque sea desafortunado, ténganlo por seguro, jamás será ingrato. Así pues, con agradecimiento y perdón para todos, los despido a sus respectivos países.
TODOS. ¡Dios salve al Rey! ¡Dios salve al Rey!
Entra un Mensajero.
MENSAJERO. Plazca a vuestra gracia ser informado de que el Duque de York acaba de llegar de Irlanda, y con un poderoso y fuerte ejército de gallowglasses y valientes kerns marcha hacia aquí en orgullosa formación, y proclama, mientras avanza, que sus armas solo buscan apartar de vos al Duque de Somerset, a quien llama traidor.
REY ENRIQUE. Así está mi estado, afligido entre Cade y York, como un barco que, tras escapar de una tormenta, es de inmediato calmado y abordado por un pirata. Pero ahora Cade ha sido rechazado, sus hombres dispersados, y ahora York se arma para secundarlo. Te ruego, Buckingham, ve a su encuentro y pregúntale la razón de estas armas. Dile que enviaré al Duque Edmund a la Torre. — Y tú, Somerset, te enviaremos allí, hasta que su ejército se haya dispersado.
SOMERSET. Mi señor, me entregaré de buen grado a la prisión, o a la muerte, para hacer el bien a mi patria.
REY ENRIQUE. En cualquier caso, no seas demasiado duro en tus palabras, pues él es fiero y no tolera lenguaje áspero.
BUCKINGHAM. Así lo haré, mi señor, y no dudo en obrar de modo que todo redunde en vuestro bien.
REY ENRIQUE. Ven, esposa, entremos y aprendamos a gobernar mejor; pues aún puede Inglaterra maldecir mi desdichado reinado.
[Toques. Salen.]



