Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare

SCENE VII. London. The Palace

Capítulo 332 de 818 · 2 min de lectura

Toques de trompeta. Entran el Rey Eduardo, la Reina Isabel, Jorge, Ricardo, Hastings, la nodriza llevando al infante Príncipe Eduardo y asistentes.

REY EDUARDO. Una vez más nos sentamos en el trono real de Inglaterra, recuperado con la sangre de los enemigos. ¡Cuán valientes adversarios, como el trigo en otoño, hemos segado en la cima de su orgullo! Tres duques de Somerset, tres veces renombrados por ser campeones valientes e indiscutibles; dos Cliffords, el padre y el hijo; y dos Northumberland; jamás hubo hombres más bravos que espolearan sus corceles al sonar la trompeta; junto a ellos, los dos valientes osos, Warwick y Montague, que con sus cadenas ataron al león real e hicieron temblar el bosque cuando rugían. Así hemos barrido la sospecha de nuestro asiento y hecho de la seguridad nuestro escabel. Ven aquí, Bess, y déjame besar a mi hijo. Joven Ned, por ti tus tíos y yo hemos velado en armaduras durante las noches de invierno, y anduvimos a pie bajo el ardiente calor del verano, para que pudieras recuperar la corona en paz; y de nuestros trabajos tú cosecharás el fruto.

RICARDO. [Aparte.] Arruinaré su cosecha, si tu cabeza cayera; pues aún no soy tenido en cuenta en el mundo. Este hombro fue hecho tan fuerte para levantar peso, y lo hará, o se romperá mi espalda. Tú abre el camino, y eso se ejecutará.

REY EDUARDO. Clarence y Gloucester, amen a mi encantadora Reina; y besen a su principesco sobrino, hermanos ambos.

JORGE. El deber que debo a su Majestad lo sello en los labios de este dulce niño.

REINA ISABEL. Gracias, noble Clarence; digno hermano, gracias.

RICARDO. Y para mostrar que amo el árbol de donde provienes, sea testigo el cariñoso beso que doy al fruto. [Aparte.] A decir verdad, así besó Judas a su maestro y gritó “¡Salve!” cuando en realidad tramaba todo el mal.

REY EDUARDO. Ahora estoy sentado como mi alma desea, teniendo la paz de mi país y el amor de mis hermanos.

JORGE. ¿Qué desea vuestra Gracia que se haga con Margarita? Reignier, su padre, ha empeñado las Sicilias y Jerusalén ante el Rey de Francia, y aquí las han enviado como rescate por ella.

REY EDUARDO. Llévensela y transpórtenla a Francia. Y ahora, ¿qué resta sino que pasemos el tiempo con triunfos majestuosos, alegres espectáculos cómicos, como corresponde al placer de la corte? ¡Que suenen tambores y trompetas! ¡Adiós, amarga aflicción! Pues aquí, espero, comienza nuestra dicha duradera.

[Salen.]

EL REY ENRIQUE OCTAVO

Contenido

ACTO I Prólogo. Escena I. Londres. Una antecámara en el palacio Escena II. La misma. La sala del consejo Escena III. Una antecámara en el palacio Escena IV. Un salón en York Place

ACTO II Escena I. Westminster. Una calle Escena II. Una antecámara en el palacio Escena III. Antecomedor de los aposentos de la Reina Escena IV. Un salón en Blackfriars

ACTO III Escena I. Londres. Los aposentos de la Reina Escena II. Antecomedor de los aposentos del Rey

ACTO IV Escena I. Una calle en Westminster Escena II. Kimbolton