Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare
SCENE III. The open Country
Capítulo 393 de 818 · 1 min de lectura
Entra Edgar.
EDGAR. Me oí proclamar, y gracias al hueco afortunado de un árbol escapé de la cacería. No hay refugio libre, ningún lugar donde no haya guardias y una vigilancia inusitada esperando capturarme. Mientras pueda escapar, me preservaré; y he decidido tomar la forma más baja y miserable que la penuria, en desprecio del hombre, haya acercado jamás a la bestia: ensuciaré mi rostro con mugre, cubriré mis lomos con una manta; enredaré mi cabello en nudos como un duende, y con mi desnudez expuesta desafiaré los vientos y las persecuciones del cielo. El país me da prueba y ejemplo de los mendigos de Bedlam, quienes, con voces estruendosas, se clavan en los brazos desnudos y entumecidos alfileres, palos de madera, clavos, ramitas de romero; y con este horrible aspecto, desde humildes granjas, pobres aldeas, rediles y molinos, a veces con maldiciones de locura, a veces con rezos, obligan a la caridad. ¡Pobre Turlygod! ¡Pobre Tom! Eso es algo al menos: Edgar ya no soy nada.
[Sale.]



