Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare

SCENE I. A plain in Syria.

Capítulo 40 de 818 · 1 min de lectura

Entran Ventidio, como en triunfo, con Silio y otros romanos, oficiales y soldados; el cadáver de Pacoro es llevado delante de él.

VENTIDIO. Ahora, Partia lanzadora, has sido herida, y ahora la Fortuna complacida me convierte en vengador de la muerte de Marco Craso. Lleven el cuerpo del hijo del rey delante de nuestro ejército. Tu Pacoro, Orodes, paga esto por Marco Craso.

SILIO. Noble Ventidio, mientras aún tu espada está caliente con sangre parta, los partos fugitivos huyen. Avanza por Media, Mesopotamia y los refugios adonde escapan los derrotados. Así tu gran capitán Antonio te hará subir a carros triunfales y pondrá guirnaldas en tu cabeza.

VENTIDIO. Oh, Silio, Silio, ya he hecho suficiente. Un puesto inferior, fíjate bien, puede hacer un acto demasiado grande. Aprende esto, Silio: es mejor dejar algo sin hacer que, por nuestro acto, adquirir demasiada fama cuando aquel a quien servimos está ausente. César y Antonio siempre han ganado más por medio de sus oficiales que en persona. Sosio, uno de mi rango en Siria, su lugarteniente, por acumular renombre con demasiada rapidez, lo perdió todo. Quien en la guerra hace más de lo que su capitán puede, se convierte en capitán de su capitán; y la ambición, virtud del soldado, prefiere la pérdida antes que una ganancia que lo oscurezca. Podría hacer más para beneficiar a Antonio, pero eso lo ofendería, y en su ofensa perecería mi logro.

SILIO. Tienes, Ventidio, aquello sin lo cual un soldado y su espada apenas se distinguen. ¿Vas a escribirle a Antonio?

VENTIDIO. Le informaré humildemente lo que, en su nombre, esa palabra mágica de la guerra, hemos logrado; cómo, con sus estandartes y sus filas bien pagadas, hemos expulsado del campo a la caballería parta, jamás vencida hasta ahora.

SILIO. ¿Dónde está él ahora?

VENTIDIO. Se dirige a Atenas, adonde, con la mayor prisa que el peso que debemos llevar con nosotros permita, nos presentaremos ante él.—¡Vamos, sigan adelante!

[Salen.]