Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare

SCENE V. A Room in Gloucester’s Castle

Capítulo 406 de 818 · 1 min de lectura

Entran Regan y Osvaldo.

REGAN. ¿Pero ya han partido las fuerzas de mi hermano?

OSVALDO. Sí, señora.

REGAN. ¿Él mismo está allí en persona?

OSVALDO. Señora, con gran dificultad. Su hermana es mejor soldado.

REGAN. ¿Lord Edmundo no habló con su señor en casa?

OSVALDO. No, señora.

REGAN. ¿Qué podría significar la carta de mi hermana para él?

OSVALDO. No lo sé, señora.

REGAN. En verdad, él ha partido de aquí por un asunto serio. Fue gran ignorancia, teniendo Gloucester los ojos arrancados, dejarlo vivir. Donde llega, mueve todos los corazones en nuestra contra. Edmundo, creo, se ha ido, compadecido de su miseria, para acabar con su vida oscura; además, para averiguar la fuerza del enemigo.

OSVALDO. Debo seguirlo, señora, con mi carta.

REGAN. Nuestras tropas parten mañana; quédate con nosotros; los caminos son peligrosos.

OSVALDO. No puedo, señora: mi señora me encargó este asunto.

REGAN. ¿Por qué habría de escribirle a Edmundo? ¿No podrías tú transmitirle sus propósitos de palabra? Tal vez, algo, no sé qué, te querré mucho. Déjame abrir la carta.

OSVALDO. Señora, preferiría—

REGAN. Sé que tu señora no ama a su esposo; de eso estoy segura; y cuando estuvo aquí últimamente le dirigió a noble Edmundo miradas extrañas y muy elocuentes. Sé que eres de su confianza.

OSVALDO. ¿Yo, señora?

REGAN. Hablo con conocimiento; lo eres, lo sé: por eso te aconsejo que tomes nota: mi señor ha muerto; Edmundo y yo hemos hablado, y él me conviene más para esposo que a tu señora. Puedes deducir más. Si lo encuentras, te ruego le entregues esto; y cuando tu señora sepa esto por ti, te ruego le pidas que acuda a su prudencia. Así que, adiós. Si llegas a oír de ese traidor ciego, la recompensa será para quien lo elimine.

OSVALDO. ¡Ojalá pudiera encontrarlo, señora! Así mostraría a qué bando sirvo.

REGAN. Adiós.

[Salen.]