Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare

SCENE IV. Athens. A Room in Antony’s House.

Capítulo 43 de 818 · 1 min de lectura

Entran Antonio y Octavia.

ANTONIO. No, no, Octavia, no es solo eso; eso sería excusable, eso y miles de cosas más de igual importancia; pero él ha emprendido nuevas guerras contra Pompeyo; ha hecho su testamento y lo ha leído en público; ha hablado poco de mí; cuando por fuerza no pudo sino rendirme honores, los expresó de manera fría y enfermiza; me concedió el menor reconocimiento; cuando se le dio la mejor oportunidad, no la tomó, o lo hizo de mala gana.

OCTAVIA. Oh, mi buen señor, no creas todo, o si debes creerlo, no te lo tomes todo a pecho. Una dama más desdichada, si esta división ocurre, jamás estuvo entre dos, rogando por ambas partes. Los buenos dioses se burlarán de mí en el instante en que rece: “¡Oh, bendice a mi señor y esposo!”, y deshaga esa oración clamando igual de fuerte: “¡Oh, bendice a mi hermano!” Gane el esposo, gane el hermano, rezo y destruyo la oración; no hay término medio entre estos extremos.

ANTONIO. Dulce Octavia, deja que tu mejor amor se incline hacia aquello que mejor lo preserve. Si pierdo mi honor, me pierdo a mí mismo; sería mejor no ser tuyo que serlo sin raíces. Pero, como lo pediste, tú misma mediarás entre nosotros. Mientras tanto, señora, prepararé una guerra que manchará a tu hermano. Apresúrate cuanto puedas, así tus deseos serán tuyos.

OCTAVIA. Gracias a mi señor. ¡Que el Júpiter del poder me haga, siendo yo tan débil, vuestra reconciliadora! Una guerra entre ustedes dos sería como si el mundo se partiera y los muertos debieran soldar la grieta.

ANTONIO. Cuando veas dónde comienza esto, dirige tu disgusto hacia ese lado, pues nuestras faltas nunca podrán ser tan iguales que tu amor pueda moverse de igual manera con ellas. Prepara tu partida; elige tu compañía y ordena el gasto que tu corazón desee.

[Salen.]