Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare

SCENE I. A room in Mariana’s house.

Capítulo 461 de 818 · 2 min de lectura

Entran Mariana y un muchacho cantando.

CANCIÓN Toma, oh toma esos labios, Que tan dulcemente juraron en vano, Y esos ojos, el alba del día, Luces que engañan a la mañana. Pero mis besos trae de nuevo, Trae de nuevo; Sellos de amor, pero sellados en vano, Sellados en vano.

Entra el Duque disfrazado de fraile.

MARIANA. Interrumpe tu canción y vete rápido; Aquí viene un hombre de consuelo, cuyo consejo Ha calmado a menudo mi ruidoso descontento.

[Sale el muchacho.]

Le ruego me disculpe, señor, y bien quisiera Que no me hubiera encontrado aquí tan musical. Permítame excusarme, y créame, Mi alegría me disgustó mucho, pero complació mi pesar.

DUQUE. Está bien; aunque la música suele tener tal encanto Que hace bueno lo malo y lo bueno incita al daño. Le ruego me diga, ¿alguien ha preguntado por mí hoy aquí? Justo a esta hora he prometido encontrarme aquí.

MARIANA. Nadie ha preguntado por usted. He estado sentada aquí todo el día.

Entra Isabel.

DUQUE. Le creo firmemente. Ya ha llegado el momento. Le pediré que me deje solo un poco. Tal vez la llame luego para algún beneficio para usted.

MARIANA. Siempre le estaré agradecida.

[Sale.]

DUQUE. Muy bien hallada y bienvenida. ¿Qué noticias hay de este buen diputado?

ISABEL. Tiene un jardín rodeado de ladrillo, Cuyo lado occidental da a un viñedo; Y hacia ese viñedo hay una puerta entablada Que se abre con esta llave mayor. Esta otra abre una puertecilla Que del viñedo conduce al jardín; Allí he hecho mi promesa, en la Pesada medianoche, de ir a verlo.

DUQUE. ¿Pero sabrá usted encontrar ese camino?

ISABEL. He tomado nota precisa y cuidadosa; Con susurros y la más culpable diligencia, En acción de toda instrucción, me mostró El camino dos veces.

DUQUE. ¿No hay otras señales Entre ustedes acordadas respecto a su encuentro?

ISABEL. No, ninguna, salvo acudir en la oscuridad, Y le he hecho saber que mi permanencia No puede ser larga, pues le he dicho Que me acompaña un criado, Que me espera; y cuya insistencia es Que vengo por mi hermano.

DUQUE. Está bien sostenido. Aún no le he contado nada de esto a Mariana.—¡Eh, adentro! Sal.

Entra Mariana.

Le ruego que se familiarice con esta doncella; Ella viene a hacerle bien.

ISABEL. Yo deseo lo mismo.

DUQUE. ¿Está convencida de que la aprecio?

MARIANA. Buen fraile, sé que sí, y lo he comprobado.

DUQUE. Tome entonces a su compañera de la mano, Que tiene una historia lista para su oído. Yo esperaré su tiempo; pero apresúrense. La noche vaporosa se acerca.

MARIANA. ¿Quiere usted caminar aparte?

[Salen Mariana e Isabel.]

DUQUE. Oh, lugar y grandeza, millones de ojos falsos Se clavan en ti; volúmenes de rumores Corren con esas búsquedas falsas y contradictorias Sobre tus actos; miles de fugas de ingenio Te hacen padre de sus sueños vanos Y te atormentan en sus fantasías.

Entran Mariana e Isabel.

Bienvenidas; ¿cómo han quedado?

ISABEL. Ella tomará la empresa sobre sí, padre, Si usted lo aconseja.

DUQUE. No es sólo mi consentimiento, Sino también mi ruego.

ISABEL. Poco tiene que decir Cuando se despida de él, salvo, suave y bajo, “Recuerde ahora a mi hermano.”

MARIANA. No tema por mí.

DUQUE. Ni usted, hija gentil, tema en absoluto. Él es su esposo por precontrato. Juntarlas así no es pecado, Pues la justicia de su derecho ante él Justifica el engaño. Vamos, vámonos; Nuestra cosecha nos espera, pues aún debemos sembrar el diezmo.

[Salen.]