Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare
SCENE V. The same. Before Shylock’s house.
Capítulo 476 de 818 · 2 min de lectura
Entran Shylock, el judío, y Launcelet, su criado que fue el bufón.
SHYLOCK. Bien, ya verás, tus ojos serán tus jueces, de la diferencia entre el viejo Shylock y Bassanio.—¿Qué, Jessica?—No te darás festines como lo has hecho conmigo;—¿Qué, Jessica?—ni dormirás, ni roncarás, ni desgarrarás la ropa. ¡Vamos, Jessica, digo!
LAUNCELET. ¡Vamos, Jessica!
SHYLOCK. ¿Quién te manda llamar? Yo no te mando llamar.
LAUNCELET. Vuestra merced solía decirme que no podía hacer nada sin que me lo ordenaran.
Entra Jessica.
JESSICA. ¿Me llamaba? ¿Qué desea?
SHYLOCK. Me han invitado a cenar, Jessica. Aquí están mis llaves. Pero, ¿por qué habría de ir? No me invitan por afecto, me adulan. Pero aun así iré por odio, a alimentarme del pródigo cristiano. Jessica, hija mía, cuida la casa. Me da mucha pereza ir; algo malo se está gestando contra mi tranquilidad, pues esta noche soñé con bolsas de dinero.
LAUNCELET. Le ruego, señor, que vaya. Mi joven amo espera su reproche.
SHYLOCK. Yo también espero el suyo.
LAUNCELET. Y han conspirado juntos. No diré que verá una mascarada, pero si la ve, entonces no fue en vano que mi nariz sangrara el pasado Lunes Negro a las seis de la mañana, que ese año coincidió con el Miércoles de Ceniza por la tarde, hace cuatro años.
SHYLOCK. ¿Qué, habrá mascaradas? Escúchame, Jessica, cierra las puertas, y cuando oigas el tambor y el vil chillido del pífano torcido, no subas entonces a las ventanas, ni asomes la cabeza a la calle para mirar a los tontos cristianos con rostros pintados, sino tapa los oídos de mi casa, quiero decir, mis ventanas. No dejes que el sonido de esas frivolidades entre en mi sobria casa. Por el bastón de Jacob juro que no tengo ganas de festejar fuera esta noche. Pero iré. Ve tú delante de mí, mozo. Di que iré.
LAUNCELET. Iré delante, señor. Señora, asómese a la ventana a pesar de todo. Vendrá un cristiano que valdrá la pena para los ojos de una judía.
[Sale Launcelet.]
SHYLOCK. ¿Qué dice ese necio descendiente de Agar, eh?
JESSICA. Sus palabras fueron “Adiós, señora”, nada más.
SHYLOCK. El tonto es bastante amable, pero un gran comilón, lento como un caracol para el provecho, y duerme de día más que un gato montés. Las abejas zángano no colmenan conmigo, por eso me deshago de él, y lo entrego a quien quiero que le ayude a malgastar su bolsa prestada. Bien, Jessica, entra. Quizá regrese de inmediato: haz lo que te ordeno, cierra las puertas tras de ti, “Bien atado, bien hallado.” Un proverbio que nunca envejece en mente ahorrativa.
[Sale.]
JESSICA. Adiós, y si mi suerte no se tuerce, yo habré perdido un padre, y tú, una hija.
[Sale.]



