Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare

SCENE VIII. Venice. A street.

Capítulo 479 de 818 · 2 min de lectura

Entran Salarino y Solanio.

SALARINO. Pues, amigo, vi a Bassanio zarpar; con él ha partido Gratiano; y estoy seguro de que Lorenzo no va en su barco.

SOLANIO. El vil judío, con sus gritos, hizo acudir al duque, quien fue con él a registrar el barco de Bassanio.

SALARINO. Llegó demasiado tarde, el barco ya había zarpado; pero allí le informaron al duque que Lorenzo y su enamorada Jessica habían sido vistos juntos en una góndola. Además, Antonio aseguró al duque que no estaban con Bassanio en su barco.

SOLANIO. Jamás oí una pasión tan confusa, tan extraña, furiosa y cambiante como la que expresó ese perro judío en las calles. “¡Mi hija! ¡Oh, mis ducados! ¡Oh, mi hija! ¡Huyó con un cristiano! ¡Oh, mis ducados cristianos! ¡Justicia! ¡La ley! ¡Mis ducados y mi hija! ¡Una bolsa sellada, dos bolsas selladas de ducados, de ducados dobles, robados por mi hija! Y joyas, dos piedras, dos piedras ricas y preciosas, robadas por mi hija. ¡Justicia! Encuentren a la muchacha, lleva consigo las piedras y los ducados.”

SALARINO. Pues todos los muchachos de Venecia lo siguen, gritando por sus piedras, su hija y sus ducados.

SOLANIO. Que Antonio tenga cuidado de cumplir con su plazo, o pagará por esto.

SALARINO. Vaya, bien recordado. Ayer hablé con un francés que me contó que, en los estrechos que separan Francia e Inglaterra, naufragó un barco de nuestro país, ricamente cargado. Pensé en Antonio cuando me lo dijo, y en silencio deseé que no fuera el suyo.

SOLANIO. Será mejor que le cuentes a Antonio lo que has oído, pero no de inmediato, pues podría afligirlo.

SALARINO. No hay caballero más bondadoso sobre la tierra. Vi a Bassanio y Antonio despedirse; Bassanio le dijo que procuraría regresar pronto. Él le respondió: “No lo hagas, no apresures tus asuntos por mí, Bassanio; espera el momento justo, y en cuanto al contrato del judío que tiene contra mí, no dejes que eso perturbe tu ánimo; alégrate y dedica tus mejores pensamientos al cortejo y a esas nobles muestras de amor que allí te convengan.” Y justo entonces, con los ojos llenos de lágrimas, volviéndose, puso la mano tras de sí y, con un afecto profundamente sentido, estrechó la mano de Bassanio, y así se despidieron.

SOLANIO. Creo que solo ama al mundo por él. Te ruego, vamos a buscarlo y a aliviar su tristeza con algún entretenimiento.

SALARINO. Hagámoslo.

[Salen.]