Obras completas de William Shakespeare · William Shakespeare

SCENE IV. Belmont. A room in Portia’s house.

Capítulo 484 de 818 · 3 min de lectura

Entran Porcia, Nerisa, Lorenzo, Jessica y Baltasar.

LORENZO. Señora, aunque lo diga en su presencia, usted posee un noble y verdadero concepto de la amistad divina, que se manifiesta con mayor fuerza al sobrellevar así la ausencia de su esposo. Pero si supiera a quién le brinda este honor, cuán caballero es aquel a quien socorre, y cuán querido amante de mi señor, su esposo, estoy seguro de que se sentiría más orgullosa de su acción que de lo que la generosidad habitual podría exigirle.

PORCIA. Jamás me he arrepentido de hacer el bien, ni lo haré ahora; pues entre compañeros que conversan y pasan juntos el tiempo, cuyas almas soportan un yugo igual de amor, debe haber necesariamente una proporción semejante de rasgos, modales y espíritu; lo cual me hace pensar que este Antonio, siendo el amigo del alma de mi señor, debe ser semejante a él. Si es así, ¡qué poco es el costo que he invertido en rescatar la imagen de mi alma del estado de cruel infierno! Esto se acerca demasiado a alabarme a mí misma; por lo tanto, no diré más. Escuchen otras cosas. Lorenzo, pongo en tus manos la administración y el manejo de mi casa hasta el regreso de mi señor. Por mi parte, he elevado al cielo un voto secreto de vivir en oración y contemplación, solo acompañada por Nerisa aquí, hasta que su esposo y mi señor regresen. Hay un monasterio a dos millas de aquí, y allí permaneceremos. Te ruego que no rechaces esta encomienda, que mi amor y cierta necesidad ahora te imponen.

LORENZO. Señora, de todo corazón obedeceré todas sus justas órdenes.

PORCIA. Mi gente ya conoce mi voluntad, y te reconocerán a ti y a Jessica en lugar del señor Basanio y de mí misma. Así que adiós hasta que nos volvamos a ver.

LORENZO. ¡Que buenos pensamientos y horas felices la acompañen!

JESSICA. Le deseo, señora, toda la felicidad de su corazón.

PORCIA. Le agradezco su deseo, y me complace devolvérselo. Adiós, Jessica.

[Salen Jessica y Lorenzo.]

Ahora, Baltasar, así como siempre te he hallado honesto y fiel, así quiero hallarte ahora. Toma esta carta, y pon todo el empeño de un hombre en llegar pronto a Padua; procura entregarla en manos de mi primo, el doctor Bellario; y mira qué notas y ropas te entregue, tráelas, te lo ruego, con la mayor rapidez posible al embarcadero, al transbordador común que va a Venecia. No pierdas tiempo en palabras, sino parte ya. Yo estaré allí antes que tú.

BALTASAR. Señora, iré con toda la premura conveniente.

[Sale.]

PORCIA. Vamos, Nerisa, tengo trabajo entre manos que aún no conoces; veremos a nuestros esposos antes de que piensen en nosotras.

NERISA. ¿Nos verán?

PORCIA. Sí, Nerisa, pero con tal atuendo que creerán que poseemos aquello de lo que carecemos. Te apuesto lo que quieras, cuando estemos ambas vestidas como jóvenes, demostraré ser el más apuesto de los dos, y llevaré mi daga con mayor gracia, y hablaré con una voz intermedia entre hombre y muchacho, y convertiré dos pasos delicados en un andar varonil; y hablaré de peleas como un joven fanfarrón; y contaré ingeniosas mentiras sobre cómo damas honorables buscaron mi amor, y que al negarme, cayeron enfermas y murieron; no pude evitarlo. Luego me arrepentiré, y desearé, por todo eso, no haberlas matado. Y contaré veinte de estas mentiras insignificantes, que los hombres jurarán que he dejado la escuela hace como un año. Tengo en mente mil trucos torpes de estos jactanciosos, que pondré en práctica.

NERISA. ¿Por qué, nos convertiremos en hombres?

PORCIA. ¡Vaya pregunta!, si estuvieras cerca de un intérprete malicioso. Pero ven, te contaré todo mi plan cuando esté en mi carruaje, que nos espera en la puerta del parque; así que apresúrate, pues hoy debemos recorrer veinte millas.

[Salen.]